Los asaltantes incendiaron viviendas, iglesias y almacenes de alimentos
Un cristiano denuncia que Estado Islámico ha quemado su casa, su Iglesia y ha matado a más de 150 miembros de su congregación en Nigeria
Un cristiano denuncia que Estado Islámico ha quemado su casa, su Iglesia y ha matado a más de 150 miembros de su congregación en Nigeria
Pastor cristiano en Nigeria. Redes sociales
Por Unai Cano
21 de octubre de 2025

Prosigue la persecución religiosa en Nigeria, donde nuevas matanzas y ataques contra comunidades cristianas han vuelto a sacudir el centro del país. El reverendo Yakubu Mutong, pastor de la Iglesia de Cristo en las Naciones (COCIN), ha denunciado que su aldea, Mayenga —situada en el área de gobierno local de Bokkos, en el estado de Plateau— fue arrasada por un ataque coordinado que dejó más de 150 muertos en una sola jornada.

Según su testimonio, los asaltantes incendiaron viviendas, iglesias y almacenes de alimentos, repitiendo un patrón de violencia que, asegura, se ha extendido a más de once aldeas de la zona. «Han asesinado a mis siete hermanos. Mi casa fue completamente destruida, al igual que la iglesia y el pastorium. Todo lo que teníamos desapareció entre las llamas», relató el reverendo Mutong ante las ruinas de su hogar.

Las agresiones, atribuidas por líderes locales a grupos yihadistas vinculados al autodenominado Estado Islámico, han coincidido con una ola de ataques simultáneos en otras partes del estado de Plateau, donde miles de familias cristianas han huido hacia zonas más seguras o campamentos improvisados. Las víctimas denuncian que las autoridades nigerianas han sido incapaces de detener la violencia sectaria que desde hace años azota a las comunidades rurales del país.

Organizaciones internacionales de derechos humanos llevan tiempo alertando de que Nigeria vive una auténtica persecución por motivos religiosos, con masacres, secuestros y desplazamientos masivos que apenas reciben atención en los medios occidentales. Para los supervivientes de Mayenga, la última Navidad no fue un tiempo de celebración, sino de luto. «Fue una Navidad de duelo, no de alegría», lamenta el reverendo Mutong, mientras insiste en que la comunidad cristiana del país «sólo pide vivir en paz».

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