«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu

TRIBUNA | FRANCISCO FLÓREZ VARGAS |

9 de abril de 2026

Colombia y el libreto criminal del comunismo

Iván Cepeda. Europa Press

Se le atribuye a don Miguel Antonio Caro la frase célebre de que «no se hacen concilios con obispos protestantes», expresando que sin unos consensos básicos es imposible hacer política civilizadamente. 

Una mínima homogeneidad doctrinaria entre la clase política es deseable. Ocurrió en los Estados Unidos hasta comienzos de este siglo: republicanos y demócratas se diferenciaban en asuntos coyunturales, pero ninguno ponía en duda la existencia misma del sistema constitucional. Algo similar ocurrió en Colombia cuando se pactó el Frente Nacional. Tan consientes del tema eran los norteamericanos que declararon ilegal el Partido Comunista en 1945. No fue un capricho, bien supieron entender que bajo el lema «todas las formas de lucha» quedan legitimadas las practicas criminales si sirven para «la causa». No así en Colombia, en donde el Partido Comunista no fue ilegal y su brazo armado —las FARC— fue legalizado por Juan Manuel Santos en lo que probablemente haya sido el error político más grave de lo que va del siglo. 

El libreto criminal del comunismo ha sido siempre el mismo. Así lo padeció medio planeta que sufrió los crímenes de las dictaduras rojas. Los gulags soviéticos, las checas españolas, el Helicoide de Caracas y no habría espacio en esta tribuna para nombrar los centros de tortura de todos los países de la cortina hierro, amén de la ingeniería social que causó las hambrunas más terribles en Rusia y China. 

¿Y qué decir de los crímenes comunistas en Colombia? Principalmente por mano de las FARC, el comunismo se dedicó al secuestro, a la extorción, al narcotráfico, a encerrar a sus víctimas en varios campos de concentración mientras en paralelo Manuel Cepeda coordinaba el «brazo político». Y esa combinación de «todas las formas de lucha» explica que Cepeda fuera asesinado en 1994, probablemente por militares o paras. 

Si las encuestas son acertadas, los colombianos pueden elegir en junio a Iván Cepeda, el hijo de Manuel, un declarado comunista, enemigo radical de la Constitución y muy amigo de las FARC.

Así que la factura de cobro por los diálogos entre Santos y las FARC probablemente llega el próximo 7 de agosto, en la envoltura del señor Cepeda, que estrenará una larga dictadura, probablemente más similar a la cubana que a la venezolana, porque las dictaduras, como los perros, se parecen a sus dueños, y a Cepeda nadie le quita lo serio y adoctrinado, a lo Stalin y no a lo Chávez, ya que Iván se formó en la Unión Soviética. 

Si Cepeda es elegido, Colombia recordará a Gustavo Petro con la misma añoranza con la que se recuerda la infancia. Sus ministros corruptos, sus impuestos confiscatorios, sus diatribas interminables, su saqueo a las arcas públicas, hasta sus borracheras serán recordadas casi con ternura al comparar con lo que sería un Gobierno de las FARC. 

La hermana Lucia previno al mundo, con razón, sobre los errores de Rusia. 

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