TRIBUNA | FILIP GASPAR
La democracia alemana ya no se mide en las urnas
La democracia alemana ya no se mide en las urnas
Friedrich Merz. Redes sociales
Por LGI
31 de agosto de 2025

El próximo 21 de septiembre Ludwigshafen elegirá a su nuevo alcalde. Pero Joachim Paul, diputado regional de Alternativa para Alemania (AfD) y uno de los favoritos, no estará en la papeleta. No le derrotaron las urnas ni un tribunal penal: le eliminó un informe del Verfassungsschutz, el servicio de inteligencia interno alemán.

El procedimiento fue fulminante. El 18 de julio la alcaldesa en funciones, la socialdemócrata Jutta Steinruck, remitió al Ministerio del Interior de Renania-Palatinado «indicios» sobre la falta de lealtad constitucional de Paul. El 29 de julio el ministerio, en manos del SPD, contestó con un dossier de once páginas elaborado a partir de fuentes públicas. El 5 de agosto el comité electoral de Ludwigshafen, presidido por la misma Steinruck, ejecutó la exclusión. Y el 26 de agosto, el Tribunal Administrativo Superior de Renania-Palatinado confirmó en apelación urgente la decisión, cerrando de momento el camino electoral.

La acusación no se basa en delitos, sino en ideas y símbolos. Se citan artículos sobre Tolkien y el Cantar de los nibelungos (en alemán: Nibelungenlied), un curso en línea sobre literatura medieval, una mención a Karl Martell como héroe histórico, la defensa del término «remigración» para el retorno de inmigrantes ilegales, la asistencia a conferencias estudiantiles nacionalistas y el apoyo al Stolzmonat, un mes del orgullo nacional frente al Pride Month global. Incluso un mercado de libros en el que se ofrecían ediciones de Ernst Jünger o Hofmannsthal aparece en el expediente como indicio de radicalismo.

El Cantar de los nibelungos, poema épico del siglo XIII, forma parte del patrimonio literario europeo en la misma medida que el Cantar de Mio Cid en España. Paul se limitó a lamentar que el gobierno regional no aprovechara el rodaje de la película Hagen – Im Tal der Nibelungen como ocasión para proyectar la imagen de Renania-Palatinado. Describía la saga como la de «grandes hombres y mujeres que hacen lo que hay que hacer porque se mantienen fieles a sus valores y con ello a sí mismos». Para el Verfassungsschutz, esa descripción no fue literatura, sino nacionalismo peligroso.

El informe llega incluso a considerar sospechoso que en 2022 Paul comentara la serie de Amazon Los Anillos de Poder estableciendo paralelismos entre nacionalismo y la llamada Revolución Conservadora. La lectura política de Tolkien tiene larga tradición en Europa, desde Elémire Zolla hasta Michel Houellebecq pasando por Giorgia Meloni. Pero en Maguncia, recordar que los pueblos de la Tierra Media luchan por su supervivencia basta para convertir a un político en sospechoso de un «concepto étnico de pueblo».

También se le reprocha haber descrito la degradación del barrio Hemshof como consecuencia del alto porcentaje de inmigración y de la dependencia de ayudas estatales. Decir lo evidente se convierte en extremismo. Desde que el Gobierno federal, con Nancy Faeser como ministra del Interior, clasificó a la AfD como «extremista confirmada», el Verfassungsschutz perfeccionó una hermenéutica de la sospecha: no sanciona actos, sanciona atmósferas; no combate argumentos, combate asociaciones mentales.

Ludwigshafen, ciudad postindustrial con altos índices de criminalidad y más del 20% de apoyo a la AfD, era un terreno propicio para una victoria. En Oggersheim, distrito natal de Helmut Kohl, la AfD incluso ganó. Para las élites resultaba inaceptable que un candidato incómodo llegara a la alcaldía con opciones reales. La solución fue blindar la democracia eliminando al rival antes de que los ciudadanos pudieran votarle.

Tras la confirmación del veto por el Oberverwaltungsgericht, Paul calificó la situación como un grave déficit democrático y advirtió que los ciudadanos de Ludwigshafen se veían reducidos a elegir únicamente entre tres candidatos de izquierda y uno de centroizquierda. Señaló que, en lugar de confiar en el veredicto de las urnas, el sistema había optado por impedir de raíz la opción de cambio.

El diputado acusó además a la SPD regional de maniobrar deliberadamente para evitar una victoria de la AfD en la mayor ciudad del Palatinado. Según explicó, los socialdemócratas temen que un triunfo local actúe como un «fanal» de cara a las elecciones regionales de marzo de 2026, donde el partido podría sufrir fuertes pérdidas.

Paul no descarta recurrir al Tribunal Constitucional en Karlsruhe. Según él y su abogado, la cláusula de la Ley de Municipios utilizada para justificar su exclusión constituye posiblemente una restricción inconstitucional del derecho pasivo al sufragio. De prosperar, el caso podría marcar un precedente decisivo sobre los límites del control estatal en materia electoral.

La AfD se ha alineado con Paul. Sebastian Münzenmaier, vicepresidente regional, denunció que la exclusión es una violación flagrante de la igualdad de partidos garantizada por la Constitución y un ataque directo a la democracia. La dirección nacional prometió agotar todas las vías legales para que el 23,4% de los votantes de Ludwigshafen que ya la eligieron como segunda fuerza política no quede privado de su voz.

Con este veto, Alemania confirma que su democracia ya no se mide en las urnas sino en los despachos. Un candidato fuerte ha sido apartado no por delitos, sino por citar a Tolkien y al Cantar de los nibelungos. Lo que en cualquier país europeo se consideraría patrimonio cultural, en Ludwigshafen se utiliza como prueba de extremismo. La AfD advierte que si este precedente se consolida, cualquier voz disidente podrá ser excluida antes de que el ciudadano vote. Y esa es la verdadera lección: el sistema político alemán ya no confía en los votantes para decidir quién debe gobernar.

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