«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu

TRIBUNA | ANTONIO MARTÍNEZ NIETO |

17 de marzo de 2026

La destrucción de símbolos y monumentos: un desprecio peligroso a nuestra Historia

El Cristo de Monteagudo. Redes sociales

El enfrentamiento por la memoria histórica ha perturbado el ambiente de la Asamblea Regional de Murcia en dos ocasiones durante esta legislatura. En primer lugar, no prosperó la propuesta socialista para tener una Ley autonómica de memoria. En esa ocasión le salió el tiro por la culata al ser aprobada la enmienda de VOX para derogar esa Ley, vanamente denominada de «memoria democrática», que es un producto ideológico diseñado para destruir la concordia entre los españoles.

La segunda intentona «memorialista» ha sido una propuesta conjunta, de socialistas y comunistas, para arrasar con los monumentos y símbolos que les traen el mal recuerdo de su derrota en la guerra civil. Y también para catalogar y eliminar todo vestigio posterior, hasta llegar a 1982, fecha en la que dan por terminada la «transición». Pero esta segunda moción tampoco ha prosperado porque el PP, siguiendo el criterio de VOX, ha reaccionado contra la izquierda que sabe acorralar cuando detecta miedo y cobardía ante la batalla cultural.

Las leyes de memoria del Gobierno socialista, comunista y separatista, del actual Frente Popular, cuyo «caballero largo» es Pedro Sánchez, regulan la guerra de los vivos contra los muertos. Pero tienen el esquema general de los nuevos enfrentamientos diseñados por el pensamiento woke: hombres contra mujeres, inmigrantes contra nacionales, padres contra hijos y así sucesivamente unos “colectivos” contra otros, enzarzados en conflictos particulares que convergen en una guerra total de aniquilación de los valores de la Cristiandad europea.

En España hemos tenido tres políticas de memoria. La primera, entre 1939 y 1975, de exaltación del régimen de Franco. La segunda, entre 1977 y 1982, de amnistía y reconciliación sin reproche para ninguno de los bandos, recuperación de restos mortales y rehabilitación de personas represaliadas. Y ahora estamos en una nueva etapa, desplegada en dos leyes (de 2007 y 2022) que culmina con la obligación de rendir homenaje al bando rojo, y la destrucción o resignificación de monumentos, entre ellos la Santa Cruz del Valle de los Caídos, donde además se han profanado las tumbas.

La propuesta del PSOE con la ultraizquierda, para catalogar y desmantelar monumentos en la Región de Murcia, se inscribe en esta tercera política de memoria y pasa por ser un acto de ejecución de un mandato legal. Pero no estamos ante un acto administrativo, sino ante una maniobra muy peligrosa, de gran calado político, que sigue la estela de un proyecto de demolición más amplio.

Con esta destrucción, amparada en un decreto de Pedro Sánchez de 2025, se quiere sacar partido al miedo y la vergüenza de la «derecha más acomplejada y timorata». Pero la respuesta a la demolición ha sido el rechazo total. Eliminar los símbolos y monumentos en la Región de Murcia es despreciar nuestra historia. La Catedral con sus inscripciones venerables, el Cristo de Monteagudo que fue fusilado, el monumento del Puerto de la Cadena que recuerda el punto donde fueron arrojados los mártires de los primeros días. Y también retratos de personas ilustres que ocuparon cargos en las instituciones, valiosas obras de arte e incluso esculturas a científicos como el ingeniero De la Cierva inventor del autogiro.

Todo este programa de derribos forma parte de la lucha posmoderna contra la civilización occidental, a la que acusan de la esclavitud, el patriarcado, el colonialismo, el capitalismo, la guerra y el cambio climático. Nosotros queremos una España alegre y orgullosa de su pasado que trate a todos los combatientes con la misma consideración. Pedimos respeto por la memoria como asunto personal, la libertad de cátedra e investigación, sin que ningún gobierno pueda establecer verdades oficiales, ni mucho menos imponer la veneración o el culto a cualquiera de los bandos. Queremos libertad para que cada español pueda expresar sus opiniones sobre la historia, sin temor a ser perseguido o segregado por estar en lo cierto o incluso por estar equivocado en función de sus vivencias o convicciones.

El decreto regulador del inventario y retirada de símbolos (BOE 20-N-2025) incluye los ubicados en espacios públicos y edificios privados con proyección al exterior, lo que afecta a las placas del Instituto Nacional de la Vivienda. ¿Por qué ofende a Pedro Sánchez ese símbolo en todo lo que tiene de buen recuerdo de casas asequibles para crear una familia y tener un patrimonio? ¿Molesta porque es la placa de millones de propiedades entregadas para que no hubiera «ni un hogar sin lumbre ni un español sin pan»? ¿Desagrada que gracias a esas viviendas los españoles lograron un futuro mejor que el dejado por unos gobiernos criminales de triste memoria por su fanatismo y crueldad?

Hoy la juventud española no está acobardada ni sumisa a esa ideología colectivista que les pide vivir en comunas y no tener nada para ser felices. Los jóvenes patriotas apuestan por los ideales del trabajo y la prosperidad que nacen del emprendimiento y el esfuerzo, sin paguitas ni subvenciones para vagos y maleantes, ni bono cultural para consumir basura dogmática con dinero robado a sus padres. Los jóvenes no creen en las leyendas negras del pasado ni tampoco que el socialismo o el comunismo sean promesas seguras para depositar su futuro.

Nosotros no queremos catalogar los símbolos y monumentos para destruirlos, porque no ofenden la memoria de los españoles que quieren una España nueva y decente que llegará con el nuevo ciclo electoral. Ahora algunos del PP dicen que quieren derogar esa bazofia legislativa cuando tengan oportunidad de hacerlo. Lo han hecho en Baleares de la mano de VOX y también en Aragón protegiendo cruces y monumentos como bienes culturales. No lo han hecho en Andalucía, donde Moreno Bonilla no está controlado por los patriotas.

VOX es la garantía para evitar todas las demoliciones contra nuestra cultura e identidad nacional. Hoy los jóvenes dicen al socialismo: «Levantaremos todo lo que derribéis». Y nosotros decimos: no tengáis miedo para avanzar orgullosos de nuestra historia. Luchamos por una España donde cada generación aporte lo mejor de sus capacidades. Los jóvenes saben que sólo con una mirada limpia al pasado podemos defender el legado de una civilización sumergida en una guerra silenciosa de sustitución demográfica y cultural. El verdadero peligro no es qué hacer con la guerra de nuestros abuelos, sino cómo afrontar una invasión propiciada por traidores que, hoy como ayer, invitan a un enemigo (no asimilable) que viene a derribar todo lo que hemos recibido y tenemos la obligación de defender.

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