La Casa Blanca informó la semana pasada a Lonnie Bunch, secretario de la Institución Smithsonian, que pondrá a los museos bajo revisión —en otras palabras, bajo supervisión adulta—. La noticia llegó en una carta que equivale a un frente mayor en la guerra de la Administración Trump por recuperar la cultura.
Como escribí en un post en X citado por The New York Times: «Dado el comportamiento del Smithsonian en los últimos años —cómo catalogó todo lo woke, cómo le dio un amplio espacio a la dirigente comunista Angela Davis, pero no al juez Clarence Thomas, cómo retrató a Estados Unidos bajo una luz negativa— esta revisión de la Casa Blanca no llega ni un minuto demasiado pronto». La carta que anunciaba la «revisión integral» fue firmada por tres figuras clave de esta Reconquista cultural: Lindsey Halligan, asistente especial del presidente; Vince Haley, director del Consejo de Política Doméstica; y Russ Vought, jefe de la Oficina de Administración y Presupuesto.
El Times lo describió como un «disparo más directo a la línea de flotación» que la auditoría anunciada en junio, la cual el consejo del Smithsonian había pedido a Bunch que llevara a cabo. Esta vez será la propia administración la que actúe.
Por supuesto, las fuerzas que han pasado las últimas dos o tres décadas capturando las instituciones culturales no perdieron tiempo en gritar contra la mera idea de que el gobierno revise a fondo los museos de la institución.
«Sólo los historiadores y profesionales de museos capacitados están calificados para llevar a cabo una revisión de este tipo, que tiene como fin garantizar la precisión histórica», protestó Sarah Weicksel, directora ejecutiva de la Asociación Histórica Americana, al Times. «Sugerir lo contrario es un insulto a la integridad profesional de curadores, historiadores, educadores y todos los involucrados en la creación de contenidos sólidos y basados en evidencia».
Qué afirmación tan risible. Probablemente no haya un sólo conservador entre esos «curadores, historiadores, educadores y todos los involucrados». Alguien debería recordarle a Weicksel que la administración está liberando la cultura de los curadores, directores, historiadores y todos los demás que integran la profesión de gestión cultural en este momento.
En 2016, cuando Donald Trump se presentó por primera vez a la presidencia y el país estaba menos polarizado, Verdant Labs realizó un estudio con base en datos de donaciones de campaña de la Comisión Federal Electoral. El resultado, mostrado en un gráfico interactivo, desglosa la afiliación política de estos profesionales:
- Directores de museos: 89 demócratas por cada 11 republicanos
- Curadores de museos: 94 demócratas por cada 6 republicanos
- Conservadores de arte: 100% demócratas
- Historiadores del arte: 96 demócratas por cada 4 republicanos
- Administradores de arte: 96 demócratas por cada 4 republicanos
- Asesores de arte: 91 demócratas por cada 9 republicanos
- Arqueólogos: 94 demócratas por cada 6 republicanos
- Historiadores: 88 demócratas por cada 12 republicanos
Esto es lo que significa la captura ideológica total por parte de la izquierda.
Harvard no llegó a tener un profesorado con casi un 80 % «liberal» o «muy liberal», y menos del 3 % «conservador» o «muy conservador» en sus facultades de Artes y Ciencias y de Ingeniería y Ciencias Aplicadas por casualidad. Evidentemente, la izquierda se infiltra y contrata sólo entre los suyos.
Como escribió Elizabeth Merritt en un blog de la Alianza Americana de Museos días después de la elección de Trump en 2016: «No necesariamente creamos un ambiente laboral muy amigable para personas que no comparten una visión liberal o demócrata». Así es como se logra la captura ideológica.
Los números no son tan desproporcionados porque sólo los progresistas sean inteligentes o se interesen en las artes visuales, la literatura, la música, la filosofía, el teatro o cualquier otro componente de lo que llamamos «cultura» (aunque, sí, esto es lo que cree la izquierda).
El Hillsdale College, la principal institución conservadora de educación superior en Estados Unidos, se preocupa profundamente por las artes. Recientemente consideró abrir un programa de Estudios de Museos, pero desistió al temer que sus estudiantes no consiguieran empleo en museos, ya que los administradores de izquierda no contratarían a conservadores.
La razón de esta conformidad ideológica es clara: los curadores, directores y conservadores woke buscan utilizar los museos para difundir sus teorías de género y raza. Como escribió la curadora y exdirectora Olga Viso en The New York Times en 2018: «Ahora es el momento de estar abiertos a un cambio radical. La próxima ola de descolonización de los museos de arte en Estados Unidos debe tener éxito».
Quizás, después de que la administración arregle los males del Smithsonian —que obtiene dos tercios de su financiación de los contribuyentes y debería, por tanto, reflejar al país—, los conservadores puedan recuperar su espacio. La revisión ordenada por la Casa Blanca parece exhaustiva.
Los tres funcionarios de Trump le dijeron a Bunch que la administración quiere «evaluar el tono, el encuadre histórico y la alineación con los ideales estadounidenses». La revisión se centrará en:
- Contenido público: revisión de textos de exposiciones, paneles, páginas web, materiales educativos y contenido digital y en redes sociales.
- Proceso curatorial: entrevistas con curadores y personal senior para entender mejor cómo se hacen las selecciones.
- Planificación de exposiciones: examen de las actuales y futuras, con especial atención a las previstas para el 250º aniversario de la Declaración de Independencia.
- Uso de las colecciones: evaluación de cómo se utilizan los materiales existentes y cómo podrían usarse para destacar los logros y el progreso de Estados Unidos.
- Estándares narrativos: desarrollo de directrices curatoriales consistentes.
En consecuencia, la administración quiere que el Smithsonian entregue: planes y borradores de exposiciones para el programa del 250º aniversario; catálogos y programas de las exposiciones actuales; un índice completo de exhibiciones itinerantes programadas; materiales curatoriales; índices de todas las colecciones permanentes; guías docentes; copias de subvenciones, y más.
Purgar la DEI del Smithsonian no será tarea fácil
En otras palabras, una puesta a punto completa.
Aun así, no creo que pueda lograrse lo que se necesita con Bunch al mando —y está el asunto del todavía no construido Museo Latino del Smithsonian, que la administración quiere desfinanciar, aunque republicanos débiles en la Cámara votaron por seguir financiando—, pero esta revisión, sin duda, no llega ni un minuto pronto.
Esta tribuna se publicó previamente en inglés en el Washington Examiner.