Comienzo a escribir este artículo cuando han transcurrido 48 horas desde los dos devastadores terremotos que azotaron a Venezuela. La respuesta del régimen interino durante estas primeras 48 horas ha sido nula. Ha incumplido todos los protocolos establecidos para una catástrofe.
El régimen es doblemente responsable del elevado número de víctimas. En primer lugar, porque, como queda dicho, la ayuda no llegó oportunamente; y, en segundo lugar, porque muchos de los edificios colapsaron debido a la mala calidad de los materiales utilizados en la denominada «Misión Vivienda».
Han pasado 26 años desde el deslave de Vargas, y durante todo este tiempo, el régimen nunca se preparó para otra catástrofe. ¿Y cómo podría ser de otra manera, si al régimen jamás le ha interesado el bienestar de los venezolanos, sino mantenerse en el poder para lucrarse?
Aun en medio de la crisis y del profundo dolor que experimentan los venezolanos, la respuesta del régimen ha sido defender sus propios intereses y administrar la tragedia con fines políticos. Prueba de ello es que al frente de las operaciones de rescate no se encuentran expertos en catástrofes, sino dos grandes represores, Diosdado Cabello y el general Sulbarán Quintero.
El comportamiento del régimen interino durante estas primeras 48 horas demuestra que no está en capacidad de gestionar esta catástrofe, en consecuencia, mucho menos de llevar a cabo el plan de tres fases propuesto por el presidente Trump.
Los terrémotos cambiaron las prioridades del país. Ya no hay espacio para experimentos políticos. El modelo de un régimen interino a cargo de los criminales aliados de Maduro quedó obsoleto. ¿Cómo puede convocarse a la unidad nacional para reconstruir el país si se conserva intacta la estructura política que provocó las más grande división que ha experimentado Venezuela?
Por tanto, urge sustituir al régimen encabezado por Delcy Rodríguez por un gobierno de emergencia integrado por venezolanos competentes, sin aspiraciones electorales inmediatas, cuya misión sea administrar el proceso de recuperación institucional, garantizar las condiciones para que haya inversiones extranjeras, y asegurar que venezolanos talentosos puedan regresar para ayudar en la reconstrucción del país. .
Como venezolano, me siento profundamente conmovido y agradecido por la generosa respuesta de la comunidad internacional para ayudar a nuestro pueblo. Venezuela es un país en ruinas, saqueado hasta sus cimientos, con un pueblo mal alimentado al que no se le pueden exigir más sacrificios.
Lo que Venezuela necesita es un Plan Marshall para la reconstrucción nacional, en el que participen, además de Estados Unidos como principal aliado, Europa y los países iberoamericanos. Hablar de un Plan Marshall no es una exageración. Venezuela está tan destruida como Europa después de la Segunda Guerra Mundial.