«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

El chantaje del G-5 era inaceptable; lo importante es la praxis

Un comunicado de El Juli reaviva la polémica sobre el veto de cinco figuras a La Maestranza.

En el follón que se ha montado acerca del planteamiento de las cinco figuras contra la empresa de la Real Maestranza, lo más sobresaliente por absolutamente rechazable ha sido precisamente el inaceptable carácter chantajista del propósito que buscaban. ¿En qué cabeza cabía que iban a lograr que La Maestranza les hiciera caso actuando como lo han hecho? Se explica que los maestrantes no se hayan molestado lo más mínimo en contestarles aunque también la Real Institución tenga gran parte de culpa por siempre ajena al engranaje taurinos del que se beneficia ampliamente e incluso sabiendo todos como sabemos que el dineral que obtiene del toreo lo emplea en obras de caridad de distinta índole.

Somos muy pocos los que estamos cubriendo este afaire tratando de atar todos los cabos y casi todos en la prensa digital, páginas web y redes sociales. ¿Por qué? Aunque me cuentan que sí lo hicieron aunque no por completo en una emisora de radio y en un canal de TV, cuantos más obligados estaban a tratar el tema en su total integridad continúan absolutamente ajenos al turbio origen de la tentativa. Por algo será…

Cualquier periodista que se precie tiene la obligación de arriesgar a fuerza de sincero y libre para poder tratar los conflictos a fondo y sin dejar nada en el tintero aun a costa de recibir ataques y hasta insultos. A mí me dicen que cómo puedo tener la poca vergüenza de poner tan mal a estos cinco toreros y no meterme nunca con los empresarios. Llevo escritas centenares de crónicas elogiosísimas sobre otras tantas actuaciones de los cinco. Con Eduardo Canorea me metí a fondo cuando las tres suspensiones seguidas en aquella feria de San Miguel. Me he quejado varias veces de la poca categoría de muchos carteles de sus ferias que desmerecían de los más atractivos. No he hablado con Eduardo hace más de cinco años y, con Ramón Valencia, apenas nos saludamos cortésmente cuando nos encontramos por la calle. Jamás estuve en sus despachos.

Si estoy poniendo mal a los cinco toreros en este enredoso asunto, ha sido precisamente por lo que acabo de escribir en el arranque de este artículo: porque lo que pretendían fue presentado en forma de chantaje. Deberían haber planteado la protesta de otra manera y, sobre todo, personalmente. No con una carta que, además, hicieron pública de inmediato. El trasunto era y sigue siendo muy grave.

Antes de la misiva impropia, nunca habían trascendido tanto estas cuestiones. Se solían resolver en privado. En el caso que nos ocupa, lo que tenían que haber hecho los cinco toreros es pedir una reunión con el Teniente Hermano Mayor de la Real Maestranza. Qué menos. Eso hubiera sido lo propio de señores. Lo de la carta pública ha sido inasumible se mire por donde se mire. Y desde luegomisterioso a no ser que detrás de la afrenta, hubo y quizá siga habiendo otras razones subterráneas que podrían aclarar lo que, por el momento, se ha convertido en un crucigrama indescifrable.

Absolutamente incomprensible parece que, personas tan inteligentes como suelen ser las más importantes figuras del toreo, hayan caído en algo que no podían conseguir de ninguna manera. Ahí es nada: “si los maestrantes no echan a los actuales empresarios, no volveremos a torear en la plaza de toros de Sevilla”. Detrás de esto tiene que haber otras seguridades. ¿Por parte de la empresa mexicana de los Balleres que querían sustituir a la de siempre?
Pero una vez no conseguido, también se entiende que quien la representa, Antonio Barrera, lo haya negado, según han dicho los que se dedican a hacer comentarios en internet y en la redes sociales. Hubiera sido más creíble que Barrera lo hubiera afirmado enviándolo a todos los medios.

Pero, insisto, lo más sorprendente es que unos hombres tan superdotados y, muy especialmente El Juli, hayan diseñado un imposible. Por eso, no pocos suponen también que, además de lo dicho, Julián López fue el que tuvo más fuerza y poder de convicción para aconsejar ir a por todas sin medir bien las consecuencias que podría traer y no solo a ellos sino a La Fiesta misma.

También es lógico que algunos hasta hayan llegado a hacer cábalas y suposiciones sobre el más particular, íntimo e inconfesable propósito de El Juli: impedir como fuera que los toreros más encopetados, al menos dos de los demás firmantes, pudieran eclipsar su figura ya entronizada en la Maestranza y, mira por donde, en pleno trance de poder ser destronado este mismo año si cualquiera de los dos o ambos a la vez hubieran armado otro alboroto sobre el dorado albero.

Quizá acuciado por esta marea de dimes y diretes más o menos creíbles, suposiciones varias y las declaraciones de Manzanares y Perera, por fin El Juli ya soltó la suya. Un largo alegato, por cierto divinamente escrito hasta con tintes literarios, en el que expone todas y cada una de las vejaciones que ha sufrido en su vida profesional por parte de la empresa Pagés pero, increíblemente, asumiendo indirectamente la callada por respuesta de los maestrantes, así como el reconocimiento implícito aunque no concretamente señalado de que el plan Balleres ha naufragado. O sea, que incluso admite el naufragio de la estrategia chantajista con la que empezó tan feo asunto. Quizá por ello, su comunicado no sea tan tajante al final. Hasta deja una ventanita semiabierta diciendo: “Puedo afirmar que no toreo con la empresa Pagés mientras no se respete mi condición y dignidad como torero, la mía y la de mis compañeros”. Ya no dice, “si no los echan no torearemos en Sevilla”. O sea, ¿que sí y que cuando se le (s) respete, volvería (n)?

Ojalá que así sucediera y que los dos que iban a ser los más perjudicados de este lío en el que se han metido un tanto pardillos, Manzanares y Perera, dejen de estarlo. Y es que, de seguir las cosas como están ahora mismo, ellos dos saldrían los más perjudicados de este lío en el que se han metido un tanto ingenuamente – los más “molestos” y todavía muy jóvenes en definitiva – que además han sido los primeros en explicar públicamente sus razones tratando de no hacerse totalmente responsables de la formula chantajista aunque por supuesto tampoco se refirieron a ello. 

Manzanares y Perera deberían pensarse muy en serio si merece la pena continuar en el tejemaneje que andan metidos porque, no les quepa duda, lo pueden pagar caro. Y Manzanares, carísimo. Me consta la indignación de muchos aficionados manzanaristas hasta los tuétanos que le habían adoptado como torero favorito. Y, no digamos, los que le odian, que también son muchos y, entre estos, no pocos de los que pululan en la prensa taurina sevillana.

Todos los comentarios que se han hecho sobre la carta de Manzanares han coincidido en suplanteamiento infantil y de muy escaso fondo achacando su aquiescencia al gran afecto que le une a sus compañeros. Bien está el compañerismo, siempre y cuando no afecte gravemente al benefactor. En el toreo se debe querer ayudar a los compañeros en la lidia y en lo personal fuera de la plaza, por supuesto que si. Pero en el toreo también hay que querer al prójimo como a uno mismo, nunca más que a uno mismo. En el toreo no valen los equipos como en muchos deportes. En el toreo lo que valen son las individualidades. Todos contra todos. La verdadera y repito lo de verdadera competenciasiempre fue la gasolina más apreciada y conveniente para mantener vivo el pulso de la Fiesta. Manzanares se ha equivocado de medio a medio aunque todavía le queda tiempo para rectificar. Le va en ello la comodidad ambiental de su próxima vida profesional que puede pasar de gratísima a odiosa.

Al contrario, el comunicado de Perera ya había logrado mayor comprensión porque le sobraban razones para estar molesto con la empresa de Sevilla aunque también ha pecado de ingenuidad por ser además de muy buen chico, muy serio. Pero como luego ha hecho El Juli, no se atrevió a hacerlo en solitario y por delante.

Desde aquí conmino a todos a que se comprometan a reunirse para tratar de arreglar los problemas. Porque, si no lo hacen, la Fiesta peligra más de lo que está y quizá contribuya a su total declive. El principio de un fin irremediable.  

 

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