Dice el refrán popular que ‘no hay peor ciego que el que no quiere ver’ y, como casi siempre, el refranero castellano acierta.
Algunos dirán que hubo un paso atrás; otros que un acobardamiento de Puigdemont y otros, más escatológicos, enarbolarán ese chiste que corre como la pólvora por las redes sociales, el de que ‘Dodot se traslada a Barcelona’… Pero lo cierto y verdad es que este martes, chiste arriba, chiste abajo, tras la comparecencia de Carles Puigdemont en el Parlamento catalán, seguimos con un Gobierno autonómico instalado en la ilegalidad, que hace ley de un texto ilegal aprobado con menos garantías que en la Venezuela de Maduro y que proclama la República catalana para desproclamarla después y tender la mano al diálogo con un único objetivo y una única salida: la separación de Cataluña del resto de España. O eso o nada. Y a eso, con pañales o sin ellos, se le llama chantaje.
Poco ha cambiado, por tanto, en las últimas horas. Salvo que el Consejo de Ministros extraordinario convocado desde las 09.00 de este miércoles decida, por fin, tomar medidas firmes como exigen el Rey, la ciudadanía y el sentido común, seguiremos ante un golpe de Estado a cámara lenta que persigue acabar con la España que conocemos.
Así lo quiere la CUP; así lo quiere Juntos por el Sí, y así lo quiere ERC, todos ellos firmantes del documento oficioso que reconoce la República Independiente de Cataluña. Son los golpistas, los que llevan a España al desastre sin encontrar, hasta ahora, la resistencia que se espera de todo un Gobierno nacional.
Ojalá a lo largo de esta jornada que comienza podamos contar noticias nuevas. Ojalá podamos escribir que, por fin, hay una reacción contundente ante quienes desean dividir a un país que, por cierto, está en la víspera de celebrar su Fiesta Nacional , esa que recuerda sólo algunos de los muchos, muchísimos, motivos para sentirse orgulloso de ser español . A ver si la fecha ayuda…
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