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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La magia del Teatro Cervantes

Ubicado en la tradicional esquina de Av. Córdoba y calle Libertad, en Buenos Aires. Es uno de los teatros más lindos de Iberoamérica.

Su fachada de estilo plateresco y herreriano del Siglo Dieciséis, inspirada en la obra de Rodrigo Gil de Hontañón. El mismo estilo del Colegio Mayor de San Ildefonso en Alcalá de Henares. 

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El Teatro Nacional Cervantes fue fundado en 1921 por la actriz María Guerrero (Madrid, 1867 – íd. 1928) y su esposo el empresario teatral Fernando Díaz de Mendoza y Aguado (Murcia, 1862 – Vigo, 1930).

Ambos dirigían la compañía del Teatro de la Princesa de Madrid. Díaz de Mendoza también fue actor y uno de los mejores directores teatrales de la época. El matrimonio español invirtió su fortuna personal para construir el gran teatro porteño.

El rey Alfonso XIII adhirió con entusiasmo al proyecto, ordenando que buques de carga del Estado español transportasen el material indispensable para su construcción. ‘De Valencia, llegaron azulejos y damascos; de Tarragona, las losetas rojas para el piso; de Ronda, las puertas de los palcos copiadas de una vieja sacristía; de Sevilla, las butacas del patio, bargueños, espejos, bancos, rejas, herrajes, azulejos; de Lucena, candiles, lámparas, faroles; de Barcelona, la pintura al fresco para el techo del teatro, de Madrid, los cortinados, tapices, y el telón de boca, que representaba el Escudo de Armas de la ciudad de Buenos Aires bordado en seda y oro’. (ver fotos)

Las desventuras financieras por las que atravesaron sus propietarios determinaron la subasta del teatro.  El buen tino del presidente Marcelo Torcuato de Alvear (Bs. Aires, 1868 – Don Torcuato, Gr. Bs. As.,  1942) dispuso la creación del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, y de un teatro oficial. Bajo el consejo del Sr. Enrique García Velloso se salvó el Cervantes para el Estado argentino con el objetivo de servir como escenario para los futuros alumnos del Conservatorio. Finalmente fue adquirido por el Banco de la Nación Argentina en 1926, durante la presidencia de Alvear.

En 1933 se dispuso la creación del Teatro Nacional de la Comedia y se destinó para su funcionamiento el Teatro Cervantes, bajo la autoridad de la Comisión Nacional de Cultura.

El 1961, cuando el Cervantes brillaba con la dirección de Narciso Ibáñez Menta, un incendio voraz destruyó gran parte de sus instalaciones. El suceso fue calificado como una ‘catástrofe nacional’. Reconstruido y ampliado, reabrió sus puertas en 1968. 

Un teatro único en su estilo, declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1995. 

El 27/3/1996 le fue otorgada por el Decreto 318/96 la autarquía administrativa y artística al Teatro Cervantes. Un logro de la Asociación Argentina de Actores, que así mismo impulsó la creación del Instituto Nacional del Teatro como organismo rector de la promoción y apoyo de la actividad teatral, bajo la jurisdicción de la Secretaría de Cultura de la Nación.

La magia del Cervantes. Quien no ha ido alguna vez a ver Locos de Verano, El conventillo de la Paloma, Las de Barranco, La casa de Bernarda Alba, Cyrano de Bergerac, Fausto, Hamlet, Pigmalión, Bodas de Sangre…. Los mejores actores de la escena nacional han actuado en el Teatro Nacional Cervantes.

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