El golpista, como en su día el Emperador francés, busca en los Países Vascos un golpe de efecto inverosímil.
Carles Puigdemont y el resto de líderes separatistas habían preparado concienzudamente el día después en Cataluña. Su plan pasaba por mantenerse a toda costa en el euro -siguiendo la vía Kosovo- y la creación de un Ejército catalán con cerca de 22.000 efectivos para «luchar contra los ataques armados».
Los correos electrónicos que la Guardia Civil intervino al exsecretario de Hacienda Lluís Salvadó han puesto de manifiesto hasta qué punto estuvo Cataluña al borde del precipicio. Entre tanto, Mariano Rajoy se hacía el remolón para aplicar un artículo 155 que sólo activó cuando no quedó más remedio y cuyos resultados son, cuanto menos, cuestionables: TV3 continúa siendo la máquina propagandística secesionista y las denuncias por adoctrinamiento en las aulas se acumulan.
Puigdemont barajó la posibilidad de mantener el euro como moneda oficial de Cataluña de “forma unilateral y sin ninguna necesidad de acuerdo, como hacen Montenegro y Kosovo”, en el caso de una Cataluña independiente que no fuera reconocida ni por España ni por la Unión Europea (UE). Un plan que choca con las declaraciones públicas del expresidente, que prometió, en repetidas ocasiones, que la «nueva república» tendría un hueco en el espacio comunitario.
Tras la vuelta de Napoleón Bonaparte de su exilio en la isla de Elba, el emperador decidió invadir los Países Bajos y en Waterloo, una población a unos veinte kilómetros al sur de Bruselas, el Ejército francés era fulminado por las tropas británicas, holandesas y alemanas dirigidas por el duque de Wellington y el Ejército prusiano del mariscal de campo Gebhard von Blücher.
Más de 200 años después, Puigdemont se ha asentado en una millonaria mansión de Waterloo en un retrato ideal del trazo que mejor define el proceso separatista en Cataluña: egoísmo.
‘Fue todo una estafa’
La inacción de los Mossos de Esquadra ante los incidentes que se generaron el 1-O y los días previos era parte de un plan superior orquestado por su entonces Mayor, Josep Lluís Trapero, y las fuerzas independentistas.
El coronel Diego Pérez de los Cobos considera seguro que tanto el exconsejero de Interior Joaquim Forn como Trapero no estaban dispuestos a cumplir la prohibición del referéndum dictada por el Tribunal Constitucional.
“Existía una organización coordinada entre entidades separatistas, Mossos y Generalitat para buscar el altercado y la confrontación. Pérez de los Cobos ha dejado claro que si se hubiera puesto toda la voluntad política por parte de la Generalitat, la votación nunca se hubiera celebrado”, explican desde VOX, que ejerce como acusación popular en el caso.
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