'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Bódalo y el universo lírico de la izquierda

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Las banderas no son trapos. No son gramos de tela y tinte, del mismo modo que la vieja fotografía familiar no es un papel impreso. Actúan como símbolos. Son la representación de España o los EEUU, de papá y mamá en el caso de la foto. Por eso congregan sentimientos. Por eso contienen tamaño contenido emocional

Por eso el Andrés Bódalo tocaba una gorra estrellada como la del Ché Guevara. Para honrarle y para ser él. Por eso la profusión de su imagen cubanizada. Para identificarlo con él, para identificarlo con su causa. 

Después de varios episodios de violencia, el sindicalista del SAT ha entrado finalmente en prisión. Era el concejal de la marca blanca de Podemos en el Ayuntamiento de Jaén y pasará tres años y medio en la cárcel. Según consta en las actas policiales, Bódalo agredió al teniente alcalde del Ayuntamiento de Jódar en el año 2012. 

Su apresamiento por parte de la policía estuvo rodeado de una parafernalia muy similar a la que usaba la llamada izquierda abertzale cada vez que caía un comando: tumultos, banderas, gritos de libertad, puños en alto y la energía movilizadora de algún himno. En el caso vasco el Eusko Gudariak, en el del otro día el Himno de Andalucía.  

El separatismo andaluz del SAT, sabedor de su capacidad movilizadora, ha ido adoptando los ritos estéticos de los movimientos nacionalistas radicales catalán y vasco. De ellos ha aprendido la importancia de la simbología identitaria. Saben que el Estado teme más las consecuencias de un encarcelamiento cuando es el de un gudari que cuando es el de un sindicalista andaluz. Por eso quieren ser gudaris. Gudaris andaluces

Y ya conocían, porque es algo que la izquierda ha practicado siempre, la potencia extraordinaria de la épica. La extrema izquierda en general, y la española particularmente, necesita del discurso lírico. Se alimenta de él y da sentido a su lucha.
La cosmovisión izquierdista busca, antes que todo, reparar las injusticias del mundo. Para ello hay que castigar, claro, a los injustos. A las élites. La izquierda radical es, en esencia, un ánimo de revancha alimentado por un complejo de derrota, pues nadie gana cuando combate a la realidad misma. Y la izquierda, en feliz definición, es una rebelión contra la realidad.

La Guerra Civil

En España, las apelaciones a la Guerra Civil, un conflicto convertido en epopeya, es recurrente. La Guerra suministra, casi ocho décadas después, toneladas de poesía a nuestras izquierdas. Pablo Iglesias saturaba su discurso de referencias a nuestra Guerra Civil –y las consecuencias que de ella se derivaron- en el único pleno del Congreso al que ha tenido la oportunidad de asistir. Puig Antich, los trabajadores de Vitoria, Margarita Nelken, Indalecio Prieto, Juan Negrín, pelotones de fusilamiento, jefes de escuadra de Falange y el pretendido origen franquista del Partido Popular (“ustedes son hijos políticos del totalitarismo”). Todo en el mismo discurso. La épica de la derrota, pero épica al fin y al cabo.

Teresa Rodríguez, portavoz del partido de Iglesias en Andalucía, apeló también a uno de los mitos del lírico universo creado por la izquierda en torno a la Guerra: el poeta represaliado Miguel Hernández, al que comparó con el represaliado contemporáneo Andrés Bódalo. Y la comparación funciona y tiene éxito porque apela al subconsciente colectivo, porque confiere a Andrés Bódalo parte del aura de un poeta y, sobre todo, porque establece un marco mental que recuerda a los suyos que su lucha es la del poeta, es la de Miguel Hernández

 

José Antonio Primo de Rivera, ya desde la fundación de Falange Española en el Teatro de la Comedia, identificaba la importancia capital del lirismo en el combate ideológico: “A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete!” (Teatro de la Comedia de Madrid, 29 de octubre de 1933). Y por eso reclamó para su Falange una dimensión épica que hasta el momento estaba únicamente en manos de la izquierda. 

Lamentábase así el propio Bódalo de su inminente encarcelación: “Pueden encerrar mi cuerpo en la cárcel, pero mi alma seguirá libre, como el viento, y la lluvia que cae del cielo”.

Y cuando el encarcelamiento era ya un hecho, su amigo y portavoz sindical Óscar Reina apelaba desde las cámaras de Antena 3 “a los corazones de los televidentes”. Pedía, exagerando la fórmula retórica hasta el extremo, que “no se vuelva a condenar a Jesucristo para salvar a Barrabás”. 

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