La Selección Española afronta una cita con la historia. Dieciséis años después de conquistar el cielo en Sudáfrica, el combinado nacional regresa este domingo a una final del Mundial con la posibilidad de añadir una segunda estrella a su camiseta. Al otro lado estará Argentina, vigente campeona del planeta, campeona de América y última gran barrera de una generación que aspira a abrir una nueva época dorada en el fútbol español.
España y Argentina se enfrentarán desde las 21.00 horas —horario peninsular español— en el MetLife Stadium de East Rutherford, en Nueva Jersey. Será la final del Mundial más grande de la historia, el primero disputado por 48 selecciones y organizado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá. También será una ‘Finalissima’ elevada a su máxima expresión: la campeona de Europa frente a la campeona de América, pero esta vez con la Copa del Mundo en juego.
El encuentro contiene todos los ingredientes de una final destinada a permanecer en la memoria. España persigue su segundo Mundial después del título conseguido en 2010, mientras que Argentina busca su cuarta corona tras las obtenidas en 1978, 1986 y 2022. La Albiceleste también tiene ante sí la oportunidad de convertirse en la primera selección que revalida el campeonato desde que Brasil lo consiguiera en 1958 y 1962.
El partido reunirá además a los dos primeros equipos de la clasificación mundial. Argentina ha alcanzado la final tras ganar todos sus encuentros y presentar el ataque más productivo del campeonato, con 19 goles. España llega invicta, después de seis victorias y un empate, y con una defensa que únicamente ha recibido un tanto durante todo el torneo. Será, por tanto, el choque entre la mayor potencia ofensiva y el conjunto más sólido de la competición.
La selección española selló su clasificación tras derrotar por 2-0 a Francia en semifinales. Antes había superado a Austria en la primera ronda eliminatoria, vencido a Portugal en octavos y dejado fuera a Bélgica en cuartos. El conjunto nacional ha avanzado con autoridad, combinando el control del balón con una presión intensa y una capacidad defensiva que le ha permitido reducir al mínimo las ocasiones de sus adversarios.
Argentina, por su parte, tuvo que apelar a su habitual resistencia competitiva para eliminar a Inglaterra. El conjunto británico se adelantó en los últimos minutos, pero dos acciones dirigidas por Lionel Messi permitieron a la Albiceleste remontar. Enzo Fernández igualó el partido y Lautaro Martínez completó el 2-1 con un remate de cabeza, después de dos asistencias del capitán argentino en el tramo definitivo del encuentro.
El gran relato de la final estará representado precisamente por Messi y Lamine Yamal. El argentino, con 39 años, puede disputar su último partido en una Copa del Mundo. El español encarna el nacimiento de una generación llamada a dominar el fútbol durante la próxima década. Uno llega al final de un recorrido irrepetible; el otro apenas ha empezado a escribir el suyo.
La conexión entre ambos comenzó mucho antes de que Lamine pudiera siquiera recordar un balón. Hace casi dos décadas, un joven Messi participó en una sesión fotográfica organizada para un calendario solidario del diario Sport y UNICEF. Durante aquella jornada en el Camp Nou, el argentino apareció bañando en una pequeña tina a un bebé de apenas unos meses. Aquel niño era Lamine Yamal.

La imagen, tomada por el fotógrafo Joan Monfort, pasó prácticamente inadvertida durante años. En ella, un Messi todavía tímido, con 20 años y sin ninguno de sus Balones de Oro, sostiene al pequeño Lamine junto a su madre. Un patito de goma ayudó a romper la incomodidad inicial de una sesión que, vista con el paso del tiempo, parece escrita por un guionista. La fotografía reapareció en 2024, cuando el padre del internacional español la publicó durante la Eurocopa, y desde entonces se ha convertido en el símbolo perfecto de un relevo generacional que nadie podía imaginar en aquel momento.
Este domingo, el futbolista que bañaba al bebé y aquel niño compartirán por primera vez un terreno de juego. Messi lo hará como campeón mundial, líder histórico de Argentina y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Lamine comparecerá como una de las grandes figuras de España y heredero de un fútbol desequilibrante que durante años estuvo asociado al propio argentino en Barcelona.
Para Messi, la final ofrece la posibilidad de cerrar su trayectoria mundialista de una manera difícilmente superable. Después de perder ante Alemania en 2014, alcanzó la gloria en Catar 2022 y ahora puede conquistar un segundo campeonato consecutivo. Su influencia continúa siendo determinante: incluso cuando no marca, condiciona a las defensas, atrae rivales y encuentra pases que pocos jugadores son capaces de imaginar. Ante Inglaterra volvió a demostrarlo con dos asistencias decisivas cuando Argentina parecía eliminada.
España, sin embargo, no comparece como invitada al homenaje de nadie. El equipo nacional llega dispuesto a imponer su propio tiempo. Su última final mundialista se disputó el 11 de julio de 2010 en el Soccer City de Johannesburgo. Andrés Iniesta marcó en el minuto 116 de la prórroga el gol que derrotó a Países Bajos y convirtió a España en campeona del mundo por primera vez. Hasta entonces, el mejor resultado español había sido la cuarta posición lograda en Brasil en 1950.
La conquista de Sudáfrica culminó el ciclo de una selección que había ganado la Eurocopa de 2008 y que posteriormente volvería a proclamarse campeona continental en 2012. La España actual intenta recorrer un camino parecido. Tras levantar la Eurocopa, tiene ahora la oportunidad de enlazar el título europeo con el Mundial y transformar un proyecto prometedor en una nueva dinastía.
El enfrentamiento también tendrá una importante dimensión sentimental por la vinculación de Messi con el fútbol español. El argentino llegó siendo un adolescente a Barcelona, se formó en La Masia y desarrolló allí la mayor parte de su carrera. Muchos de los mecanismos que definen su juego nacieron en España, el mismo país que ahora tratará de impedir que complete una última obra maestra con la camiseta albiceleste.
Argentina aportará experiencia, oficio y una extraordinaria capacidad para sobrevivir a los momentos más difíciles. España intentará responder con ritmo, amplitud, presión y una juventud que juega sin complejos. El control del centro del campo, la vigilancia sobre Messi y la capacidad de Lamine para superar los marcajes argentinos aparecen como algunas de las claves de una final en la que cualquier error puede decidir un Mundial.
También será un encuentro entre dos maneras distintas de relacionarse con la historia. Argentina está acostumbrada a convivir con el peso de sus campeones, desde Mario Kempes hasta Diego Armando Maradona y Messi. España, en cambio, intenta confirmar que el triunfo de 2010 no fue una excepción, sino el comienzo de una presencia estable entre las grandes potencias del fútbol mundial.
España tiene ante sí la oportunidad de bordar su segunda estrella, recuperar el trono mundial , consagrar a una nueva generación y convertirse sin discusión en la mejor selección del siglo XXI. El pasado y el futuro del fútbol se citan este domingo en Nueva Jersey. Sólo uno podrá regresar a casa como campeón del mundo.