En TV3 deben ver tan inevitable la victoria de PP-VOX (y derrota de Pedro Sánchez) en las próximas generales que han empezado a echar toda la carne al asador. El pasado domingo, por ejemplo, dedicaron casi ocho minutos al tema de la inmigración. Desde luego, en plan buenista. La culpa siempre es de la «ultraderecha».
En efecto, en el Telenoticias noche del pasado día 12, la primera noticia era un incendio que se había declarado en la localidad catalana de Aigumúrcia. Pero la segunda era ya los disturbios en Torre-Pacheco de hace un año.
El presentador del informativo de fin de semana, Joan Raventós, que se estrenó en el cargo en septiembre, ya presentó el tema en titulares como una «oleada de violencia contra personas extranjeras». Luego recordó los «incidentes después de que un grupo de ultras animaron, a través de las redes, a organizar una cacería contra personas de origen magrebí tras la agresión a un vecino del municipio».
Lo que no dijo es que el agredido era un jubilado de 68 años, que fue violencia gratuita, que fue atacado con un martillo y que le quedó la cara como un mapa. Se detuvo a tres jóvenes de origen extranjero. No se difundieron sus nombres, no vayamos a dar alas a la extrema derecha. Uno de ellos fue detenido por la Ertzaintza cuando estaba a punto de huir a Francia.
A continuación, la voz en off de la reportera, Pepa Ferrer, explicaba que «se creó un conflicto donde no existía». Hizo un trabajo de campo extraordinario: sólo entrevistó a magrebíes. No salió ningún autóctono. A ver si eran peligrosos ultras o simplemente vecinos hartos de los episodios de inseguridad.
Primero a un adolescente, Soufine, a quien le parecía fatal que vinieran «ultras» a pelearse a Torre Pacheco. Curiosamente, el mismo mensaje que transmitía la cadena. Después, Allal, el propietario de un bar magrebí que denunciaba «fobia marroquí». No sé si en su establecimiento es habitual ver mujeres, pero yo nunca veo en este tipo de establecimientos.
Por su parte, Mustafá aseguraba en un castellano precario —mucho mejor que mi árabe, por supuesto— que «hay una guerra debajo de la misa«. Creo que se refería a «una guerra debajo de la mesa». También a un profesor de sociología de la Universidad de Murcia, Juan José Escribano —que sospecho que no vive en la localidad—, cuya opinión coincidía con la de la tele autonómica. Casualidades de la vida. La culpa era de las «redes sociales» que difunden mensajes «con mentiras y con odio».
Es curioso porque, en ese momento, ilustraron las declaraciones con una protesta de vecinos que denunciaban la «inseguridad» y exigían «deportación» de los delincuentes. No me pareció ver, entre los asistentes, a peligrosos «fascistas» con las caras tapadas y lanzando objetos contundentes a la Policía. Al contrario, gente mayor a cara descubierta. Incluso lo que, en terminología progre, se denomina «charos»: mujeres maduras. Pese a que dudo de que voten al PSOE. Las mismas imágenes desmintieron a TV3: no había «fachas» redomados.
Lo mejor estaba por llegar. Entrevistaron a otro magrebí, Nabil, el cuarto ya, que admitía que «cuando vienen elecciones vienen a buscarnos» y llaman a «la casa del extranjero» para pedir el voto. También reconocía que «hay seis millones de inmigrantes» y que, a su juicio, «España no puede vivir sin inmigrantes».
Hay que decir que el despliegue no terminó aquí. Luego el presentador lamentaba que hay una investigación abierta por los incidentes, pero que sólo hay un investigado por «incitación a la violencia». En este caso, reproducían un vídeo, elaborado con inteligencia artificial, con musulmanes vestidos con traje a rayas como en los campos nazis.
TV3 encontró un detalle menor que el vídeo en cuestión incluyera «la imagen del líder de VOX, Santiago Abascal», disfrazado de kappo de las SS. Era una manera «sutil» de asociar VOX al nazismo y, de paso, a sus más de tres millones de votantes en las últimas elecciones. A pesar de que, evidentemente, no me consta que el partido de Abascal haya gaseado nunca a nadie. De hecho, no conozco ningún militante de la formación que haya quemado siquiera una papelera. No puedo decir lo mismo, en cambio, de los indepes que, como es sabido, okuparon un aeropuerto, bloquearon la frontera de La Jonquera, cortaron autopistas, interrumpieron el AVE y quemaron contenedores durante una semana entera en el centro de Barcelona, entre otras muchas fechorías.
Terminaban aludiendo a las manifestaciones —«de carácter racista», dijeron— convocadas por VOX en Terrassa y Mataró. Hasta entrevistaron al diputado de los Comunes Andrés García Berrio, antes en una asociación llamada Alerta Solidaria, que también se quejaba de que solo hay un investigado. «Esto quiere decir que no estamos haciendo bien las cosas», añadió. Y pedía «un salto cualitativo».
En su opinión, «una de las principales amenazas para el Estado de Derecho y las democracias europeas en toda Europa es la ultraderecha violenta». Pero, insisto, ahora es diputado autonómico de los Comunes. El partido fundado por Ada Colau. La reportera de esta pieza, Anna Teixidor, terminaba criticando «la normalización de los discursos extremistas, que pueden derivar en amenazas y episodios violentos».
Quedaba por último una crónica a raíz de las palabras de Mariano Rajoy sobre la selección francesa. Advertían que el expresidente «ha molestado al Gobierno francés». La corresponsal en París, Isabel Galí, llegaba a la conclusión de que la frase de Rajoy era «una mentira sin desarrollar». «O sea, sin que se pueda deducir claramente si lo ha dicho sabiendo que miente, por tanto con mala fe, o simplemente por ignorancia», proseguía.. En resumen, el expresidente del Gobierno español, sea del color que sea, es un bellaco: o miente o es un ignorante.
A mí, lo que más me gustó fue la reacción de Pedro Sánchez en su viaje a París para el 14 de julio. Estaba «avergonzado». De las palabras de Rajoy, no de la condena de su hermano -conocida el mismo día- ni de las joyas de Zapatero ni de la sentencia a Ábalos ni de las investigaciones sobre Santos Cerdán ni del próximo juicio, con jurado popular, a su mujer; entre muchos otros casos que salpican al PSOE.