Pedro Sánchez retiró la verja de Gibraltar, liberó a los monos, y tuvo el cuajo de decir que con ello derribaba el último muro de Europa Occidental.
El Muro de Gibraltar separaba una de las fronteras con mayor diferencia de renta del mundo. La diferencia de renta per cápita media entre el habitante de La Línea, rondando los 10 000 euros, y el de Gibraltar, rondando los 100 000, ese 1 a 10, no se ve en otro lugar. Dar un paso y ser de repente diez veces más pobre es algo que uno imagina entre Corea del Norte y Corea del Sur o entre Israel y la Franja de Gaza, porque ahí hablamos de fronteras que son auténticas cicatrices, líneas que separan mundos por completo diferentes. Si el territorio es similar en fertilidad, sistemas políticos, tecnología, tradiciones morales, coordenadas geopolíticas o religiosas… ¿qué explica semejante brecha en esa frontera?
Gaza o la frontera mexicana (no nos vienen a la cabeza más sitios) son grandes causas de las personas con alto sentido de su propia moralidad. Sin embargo, la diferencia estrepitosa entre Gibraltar y La Línea, única en el planeta, nunca le ha importado lo más mínimo a nuestra izquierda, igual que su ecologismo no se ha visto afectado por los atropellos gibraltareños sobre el Medio Ambiente.
Como diría Antonio Burgos, la izquierda, con Gibraltar, passssssssa de todo, y a partir de ahí, como marcan la pauta, passsssssan todos los demás.
Ahora Sánchez va allí y se marca el numerito de Gorbachov cuando debería denunciar, si no la situación colonial, que tampoco vamos a soñar a esas alturas, al menos el abuso que ocasiona una disparidad económica como no hay otra. Gibraltar no es muro, ni verja, ni frontera; es brecha. El concepto lo conocen.
Pero esta desigualdad en concreto no les conmueve. No les importa la integridad territorial o el orgullo nacional, lo asumimos, pero es que ni siquiera les importa la desigualdad.
Es lo asombroso de Gibraltar: que todo lleva sordina. Gibraltar es hablar solo. Como si te encerraran en una habitación acolchada en la que nadie te escuchará jamás por mucho que grites.
A costa de España, Gibraltar se ha hecho puerto, aeropuerto, un conato de Benidorm y podría anexionarse hasta San Roque, si quisiera. La impresión es que no hacen más porque no les interesa.
El Peñón es una formación geológica hecha de «cesiones de soberanía». Cada cesión, un pellizquito de roca. Y así está el Penón, gran forúnculo español.