España afronta una crisis silenciosa pero devastadora para su economía. El absentismo laboral se ha duplicado desde 2018 y afecta ya a casi un millón y medio de trabajadores cada día, según los últimos datos de Randstad y del Foro Regulación Inteligente (FRI). El impacto económico es colosal: 128.668 millones de euros anuales, el 8,1% del PIB, una cifra comparable al presupuesto nacional de Educación y superior a toda la inversión pública anual, según recoge The Objective.
El fenómeno se produce en pleno discurso triunfalista del Gobierno sobre el empleo. España alcanza récords históricos de ocupados —22,4 millones en 2025—, pero trabaja cada vez menos horas. La brecha entre empleo y productividad se ensancha peligrosamente, poniendo en jaque al tejido productivo.
El absentismo total alcanzó el 6,6% en el tercer trimestre de 2025, con 1.477.549 personas que no acudieron a su puesto de trabajo en un día medio. De ellas, más de 1,16 millones estaban de baja médica, una cifra que sigue muy por encima del millón pese a una leve corrección trimestral.
Desde 2019, las ausencias por enfermedad, accidente o incapacidad temporal han aumentado un 53%, consolidando una tendencia estructural. Cada trabajador pasó de 80 horas de ausencia anual en 2019 a 114,6 horas en 2024. Hoy, nueve de cada diez horas perdidas se justifican por IT.
La industria lidera el absentismo (7,2%), seguida de los servicios (6,6%). Hay sectores con tasas superiores al 9% y picos del 11 %, como actividades postales o servicios a edificios y jardinería. En el extremo opuesto, actividades de empleo y servicios jurídicos y contables rondan el 3,1%.
Por comunidades, Murcia, Canarias y Cantabria registran los niveles más altos de absentismo general; Canarias, Galicia y Asturias lideran las bajas por IT. Madrid, Baleares y La Rioja presentan los niveles más bajos.
El informe del FRI, dirigido por el economista Diego Sánchez de la Cruz, advierte de que el debate público se queda corto al fijarse sólo en el coste directo. En 2024, las bajas costaron 28.969 millones de euros (1,82% del PIB). Pero el verdadero agujero está en lo indirecto: pérdida de productividad, retrasos, reorganizaciones internas, sustituciones y formación.
El coste de oportunidad de la producción no generada alcanza hasta 130.534 millones en el escenario máximo; incluso descontando la producción recuperada por contratos de sustitución, la pérdida neta ronda 71.533 millones. A ello se suman 28.166 millones en costes de sustitución. Resultado: 128.668,7 millones de euros evaporados cada año.
Desde 2019, los puestos equivalentes a tiempo completo crecieron un 14%, pero las horas trabajadas sólo un 11 %. El porcentaje de ocupados que no trabajó en la semana de referencia pasó del 5,5% al 8,8% entre 2019 y 2025. Un desacople inédito que erosiona la competitividad.