«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Los trabajadores describen un clima «irrespirable»

El Banco de España entra en crisis interna: dimisiones, tensiones y denuncias por el mando autoritario de Escrivá

El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá. Europa Press.

El Banco de España atraviesa uno de los peores momentos internos de su historia reciente. Desde la llegada de José Luis Escrivá a la gobernación en septiembre de 2024, múltiples empleados y antiguos responsables describen para El Debate un clima «irrespirable«, marcado por un estilo de dirección autoritario y un nivel de interferencia que ha reducido la autonomía técnica de la institución. Según fuentes internas, el ambiente ya dista mucho del que existía bajo el mandato de Pablo Hernández de Cos, quien apostó por el trabajo en equipo y la estabilidad interna.

Quienes trabajan con Escrivá hablan directamente de un «régimen de terror«. Aunque reconocen su capacidad técnica, subrayan que el gobernador presume de saber más que nadie y mantiene un trato personal difícil, especialmente con los especialistas que tradicionalmente han llevado el peso del análisis económico del banco. Bajo su dirección, la institución se ha vuelto aún más jerárquica, con decisiones centralizadas y un control férreo de los distintos departamentos, incluso en áreas eminentemente técnicas.

Este estilo de mando ha provocado una estampida de directores generales, reemplazados por perfiles próximos al gobernador. Uno de los casos más llamativos fue el de Ángel Gavilán, responsable del informe anual del banco, que abandonó la entidad después de que su documento fuese modificado para suavizar advertencias sobre la sostenibilidad de las pensiones, un asunto especialmente delicado tras la reforma que impulsó el propio Escrivá como ministro. La revisión del informe estuvo en manos de dos de sus colaboradoras más estrechas, Mayte Ledo y Eva Valle, lo que alimentó las críticas por interferencia política en un trabajo que históricamente ha sido estrictamente técnico.

El malestar también afecta a la estructura directiva. La subgobernadora, Soledad Núñez, apenas tiene funciones reales y se ha convertido en una figura simbólica dentro de la cúpula. Mientras tanto, Escrivá continúa concentrando poder, reorganizando departamentos y recortando atribuciones de quienes no pertenecen a su círculo de confianza.

A esta crisis interna se suma la ausencia de posicionamiento público del Banco de España ante asuntos económicos de primer orden. La institución no ha respondido al reciente informe de la OCDE, que alerta del posible «colapso» del sistema de pensiones si no se acometen reformas, ni ha exigido explicaciones tras la declaración de Nadia Calviño reconociendo que el INE recibió «ayuda» para calcular un PIB más favorable. Según fuentes del banco, nadie se atreve a pronunciarse críticamente mientras Escrivá siga al mando.

El desgaste alcanza también al plano internacional. Mientras que su predecesor gozaba de respeto en las reuniones del Banco Central Europeo, Escrivá apenas tiene peso cuando participa entre los gobernadores de los Veinte y el comité ejecutivo del BCE. Todo ello ha llevado a algunos dentro de la institución a considerar que su nombramiento fue un error… y que su aceptación también lo fue.

Entre anécdotas reveladoras —como su intento de quedarse con el despacho tradicionalmente reservado a la subgobernadora— y una creciente frustración interna, muchos empleados han comentado a El Debate que sólo aspiran a que el gobernador modere su actitud. Dado que su mandato se prolonga seis años, temen que este clima permanezca largo tiempo a menos que cambie drásticamente su forma de dirigir.

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