
En octubre de 2025, el empleo en España registró un repunte con 141.926 nuevos afiliados medios a la Seguridad Social, alcanzando un total de 21,8 millones de cotizantes. El aumento se debe principalmente al sector educativo, que tradicionalmente impulsa las cifras tras el inicio del curso escolar. Sin embargo, detrás de ese aparente éxito, los datos esconden un panorama menos optimista: el paro aumentó en 22.101 personas durante el mismo mes, elevando la cifra total de desempleados hasta los 2,4 millones.
Mientras el Gobierno de Sánchez celebra la mejora en la afiliación, España sigue liderando el paro juvenil en toda la Unión Europea. Según los últimos datos de Eurostat, correspondientes a septiembre de 2025, 467.000 jóvenes menores de 25 años se encontraban sin trabajo, lo que supone una tasa del 25%, la más alta de toda la UE.
La diferencia con el resto del continente es abismal: la media europea se sitúa en el 14,8%, y la de la eurozona, en el 14,4%. Solo detrás de España aparecen Suecia (24%), Finlandia (21,5%) y Luxemburgo (21,5%), mientras que países de nuestro entorno como Italia (20,6%), Francia (18,3%) o Portugal (18,1%) presentan cifras sensiblemente más bajas.
En el extremo opuesto se encuentran los países con mejores registros de empleo juvenil: Alemania (6,7%), Islandia (8,6%), Países Bajos (8,8%) y Malta (10,1%), todos ellos muy por debajo del nivel español.
En total, 2,8 millones de jóvenes europeos estaban desempleados en septiembre, de los cuales 2,28 millones pertenecían a la zona euro. Eurostat señala que la tasa de desempleo juvenil se ha mantenido prácticamente estable respecto a agosto, con un leve incremento de una décima entre los países del euro. En comparación con septiembre de 2024, el paro juvenil descendió en 121.000 jóvenes en la UE y en 79.000 en la eurozona, una tendencia que no se refleja en el caso español.
En cuanto al paro general, la tasa se situó en el 6,3% en la eurozona y en el 6% en la UE, sin variaciones respecto al mes anterior. España, sin embargo, continúa mostrando una de las realidades más preocupantes del continente: más cotizantes, sí, pero también más parados —y especialmente más jóvenes sin futuro laboral.