El acceso a la vivienda se ha convertido en una misión casi imposible para cientos de miles de jóvenes españoles hasta el punto de que cada vez más dependen de la ayuda económica de sus padres para poder emanciparse. Un reciente análisis publicado por la revista ICE del Ministerio de Economía estima que existen 311.000 hogares jóvenes, equivalentes a unas 436.000 personas, que pese a contar con empleo y cumplir los criterios tradicionales de estabilidad económica no pueden permitirse comprar una vivienda ni acceder a un alquiler en condiciones asumibles.
El informe, que adelanta este sábado La Razón, atribuye esta situación a que «los precios de venta y, especialmente los de alquiler, se han disparado muy por encima de la capacidad adquisitiva media», lo que ha dejado fuera del mercado residencial a una parte creciente de la población joven.
Ante este escenario, las donaciones de viviendas de padres a hijos se están consolidando como una de las principales vías para acceder a una casa. Según recoge el Informe Anual 2025 del Banco de España, durante el pasado año se registraron 30.500 donaciones de inmuebles entre familiares directos, una cifra que supone un incremento del 61% respecto a 2019.
En total, durante los últimos seis años se han contabilizado unas 175.000 viviendas donadas de padres a hijos, reflejando una tendencia al alza vinculada a las dificultades para obtener financiación y reunir el ahorro previo exigido por las entidades financieras.
A esta realidad se suman las donaciones monetarias, que también se han multiplicado en los últimos años. Según el Banco de España, las transferencias de dinero entre padres e hijos prácticamente se han triplicado desde 2019 hasta alcanzar unos 5.500 millones de euros, con una cuantía media cercana a los 90.000 euros por operación.
La institución considera que estas aportaciones familiares permiten superar parcialmente las barreras de acceso al crédito hipotecario. Solo en 2025 se registraron más de 62.000 actos de donación monetaria, una herramienta que reduce tanto las restricciones de ahorro como las limitaciones de renta de los jóvenes compradores.
El informe pone de relieve además que las nuevas hipotecas para primera vivienda continúan concediéndose bajo criterios prudentes. El Banco de España defiende que estos estándares contribuyen a «limitar las probabilidades de impagos futuros», aunque reconoce que dificultan la entrada de quienes carecen de patrimonio previo.