Hasta que llegaron Irene Montero e Ione Belarra, el feminismo era muy poca cosa. Sólo hay que pararse a pensar que en algunas zonas de Europa tenidas por civilizadas, las mujeres no podían votar hasta los 70. En algunas, mucho más tarde. En alguna, concretamente, hasta 1991. Aquí se quejan de que por entonces bailaban las Mamachicho, pero en un cantón de Suiza las mujeres no podían votar.
Suiza aprobó el voto femenino en 1971. Sólo Liechtenstein y Portugal tardaron más. Cuando los hombres suizos decidieron permitir votar a las mujeres, Suiza era la primera del mundo en renta per cápita y llevaba desde principios del siglo XVI sin entrar en una guerra. El permiso era para el voto federal, pero luego estaba el voto en las regiones o cantones. Algunos ya lo habían permitido desde los años 50, y los cambios fueron llegando en los 60 y los 70, salvo para algunos cantones que se seguían negando.
El ritmo de aceptación del voto femenino se puede explicar por la diversidad suiza, y vendría determinado por las variables del idioma y la religión: las regiones francófonas eran más progresistas que las germanófonas, y la protestantes más que las católicas.
Por eso, la última en aceptarlo fue un pequeño cantón católico y germanófono llamado Appenzell Rodas Interiores, que nunca votó a favor sino que se vio obligado en 1991 por el Tribunal Supremo Federal. Ya solo quedaba este cantón. Un poco antes, en 1989, su cantón ‘hermano’, Appenzell Rodas Exteriores, había votado a favor. Exteriores es un cantón protestante. La historia tiene algo fascinante. Los cantones se dividieron pacífica y democráticamente, a la suiza, en el siglo XVI, evitando las guerras de religiones. A un lado, los protestantes, a otro, los católicos. Y en su desarrollo, se percibe cierta diferencia. El cantón protestante, como queriendo dar la razón a Max Weber, desarrolló una industria textil mientras que el cantón católico se mantuvo rural y tradicional.
Una de las razones para la negativa a admitir mujeres era la particular naturaleza de la asamblea de Appenzell Rodas Interiores, una asamblea armada en la que el voto a mano alzada era, en realidad, alzando el arma de defensor del cantón y de hombre libre.
Cuando el Tribunal Federal forzó al cambio, el cantón de Appenzell Rodas Interiores tenía la tasa más baja de divorcios de Suiza y su tasa de fecundidad estaba en dos niños, más o menos la tasa de reemplazo que ahora parece un imposible.