13 de junio, Colón

EDITORIAL

Cumplidos tres años de la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa, España ha demostrado una formidable resistencia —resiliencia lo llaman ahora con profunda cursilería— ante el peor Gobierno con el peor presidente que los siglos han visto y que, no contento con ello, nos anuncia una transformación radical y totalitaria de nuestro modo de vida para las próximas décadas al dictado de las elites globalistas.

Cabe preguntarse qué habría pasado si este desastre hubiera sido protagonizado por un Gobierno, y disculpen la etiqueta, de derechas. La respuesta la saben todos los españoles que recuerdan las grandes movilizaciones de la izquierda —huelgas generales incluidas convocadas por los sindicatos hoy vergonzosamente callados— en contra de ciertas decisiones ejecutivas de la etapa de José María Aznar.

Provoca escalofríos imaginar qué habría pasado si un Gobierno no socialista hubiera anunciado a los españoles «apenas uno o dos casos de coronavirus» y hubiera habido 120.000 muertos, una caída del PIB real de alrededor del 18 por ciento, cientos de miles de trabajadores en ERTE con un futuro más que complicado y obligados a pagar impuestos, cien mil empresas cerradas, decenas de miles ahogadas, un plan de vacunación que nos ha colocado en la cola de Europa, estados de alarma inconstitucionales, jueces pidiendo auxilio a Europa, planes de reinicio de la cultura española, una invasión provocada por un Estado extranjero de una ciudad española, subidas de impuestos, nuevos tributos, subida del precio de la energía, más gasto político, más despilfarro público, más multas, más deuda pública, menos ahorro, despidos masivos en bancos que ganan miles de millones, subida de cotizaciones a los autónomos, un vicepresidente que se abraza con dictadorzuelos bolivarianos o que escuchan himnos puño en alto para vergüenza de España, una pésima gestión de las peticiones de los fondos extraordinarios europeos que no sabemos cuándo llegarán, violencia política promovida por elementos del Gobierno, inversión de la carga de la prueba, contubernios y encuentros jamás aclarados ni investigados entre un ministro y una proscrita narcochavista, el peor ministro del Interior de la historia democrática española, la primera directora de la Guardia Civil que se salta la neutralidad obligada en un instituto militar, oficiales militares represaliados por cumplir la legalidad, cultura del decretazo, políticas activas identitarias, uso y abuso del BOE, uso partidista y del CIS, uso sistemático del derecho positivo, transferencias autonómicas que nos helarán la sangre, centrales sindicales históricas calladas como perros royendo huesos, el sector agrícola y ganadero castigado, una España rural que es el gran enemigo del reinicio que anuncia el Gobierno, un invierno demográfico que se va a juntar con la llegada de la generación del auge de la natalidad a la edad de la jubilación pensionada, una España africana abandonada y usada como puerto de la inmigración ilegal…

Y cómo éramos pocos… el anuncio de que los golpistas catalanes van a ser indultados en contra de los informes de Supremo, de la Fiscalía (por ahora) y de la inmensa mayoría de la opinión del pueblo español…

O estamos ante un Gobierno de una ineptitud brutal a la altura de la tesis doctoral fraudulenta de su presidente o nos encontramos ante un plan premeditado para convertir a España en un páramo socialista. O puede que sea una combinación de estulticia y malicia. Sea como sea, y ahora que la pandemia de virus chino — ya se puede decir de dónde salió el virus, y no fue de un pangolín, sin que las redes sociales nos cancelen— parece que da un respiro y los españoles empiezan a sacudirse el miedo grabado a fuego por Fernando Simón, es sin duda el momento de salir a la calle a contestar al desastre y a demostrar que mucha más de media nación no está dispuesta a rendirse ni, de paso, a consentir que el gusano amarillo empiece a formar parte de una dieta mediterránea feminista y ecosostenible.

El domingo, 13 de junio, los españoles hemos sido convocados a una gran manifestación en contra de tres años desastrosos que incluyen un año y medio descabellado. La convocatoria ha partido de Rosa Díez, una mujer que, por haber militado en el socialismo, reconoce desde las filas de la resistencia las señales de este proceso de destrucción de la nación española por obra de un hatajo de incompetentes totalitarios que se dicen progresistas.

VOX, el único partido que en la sede de lo que queda de la soberanía nacional ha plantado cara a Sánchez con una moción de censura intachable desde el punto de vista ético y patriotico, ya ha anunciado por boca de su líder, Santiago Abascal, que acudirá al llamado de Rosa Díez. El Partido Popular, también, aunque con la intención vergonzante —no declarada, pero sí filtrada— de evitar cualquier fotografía que comprometa su renovado fervor centrista y su apuesta —esta sí declarada y comprobada en la posición hostil del PP hacia VOX en la reciente invasión marroquí de Ceuta— de recoger los votos que el pobre y mísero sanchismo va arrojando por detrás.

Todavía queda tiempo para que el Partido Popular medite bien las consecuencias que puede tener para España reclamar el apoyo de VOX allá donde —ayuntamientos y autonomías— tiene posibilidades de gobernar, pero negarse a compartir una pancarta por el qué dirán.

Conocemos bien la enorme pereza de Génova a la hora de salir de los reservados de los restaurantes y tomar la calle sacudiéndose la pesada carga de la moderación. Pero conocemos también a sus votantes —los que no hace tanto gritaban ‘socialismo o libertad’— y a ellos nos confiamos. Contra Sánchez, contra su enorme petulancia y su infinita ineptitud, contra sus socios comunistas, secesionistas y apesebradistas no valen perezas, ni contradicciones.

Al fin y cabo, es por España. Todo por España… incluso lo más fácil como acudir a la llamada de una mujer honrada el domingo, 13 de junio, en Colón, y allí, con la mirada alta, sujetar firme una pancarta junto a unos socios fiables.

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