Arriba Perú

EDITORIAL
Keiko Fujimori, la única esperanza para derrotar al comunista Pedro Castillo (Foto El Comercio/Zuma Press)

Si hoy, 6 de junio de 2021, gana el candidato comunista Pedro Castillo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas, ya no hará falta que Santiago Zavala, frente a la avenida Tacha, a la puerta de La Crónica, se pregunte «cuándo se jodió el Perú». La fecha sería, para siempre, el 6 de junio de 2021. Igual que Venezuela se fregó el 2 de febrero de 1999, cuando llegó Hugo Chávez al poder. Igual que conocemos el día que le arrearon el cachimbazo definitivo a Nicaragua: el 10 de enero de 2007, cuando permitieron que el caibil de Daniel Ortega volviera a la jefatura del Estado. Igual que el primero de enero de 1959, cuando triunfó la revolución cubana que ha triturado Cuba durante los últimos 62 años y lo que le queda.

El voto del peruano libre, informado, consecuente y responsable, debe ser para Keiko Fujimori

Hoy hay una oportunidad de que el comunismo, y qué comunismo, no se apodere de una nación prodigiosa y de un pueblo con un instinto de supervivencia admirable que hace muy poco tiempo miraba al futuro dispuesto a desmentir al pesimista de Zavalita —el protagonista de la novela Conversacion en La Catedral de ese caviar, exquisito, pero caviar, que es Vargas Llosa— y asegurarle que Perú, el Perú del desarrollo, de la libertad económica, de las oportunidades, de la Hispanidad, no se ha acabado de joder. Hoy, a ese mismo pueblo, la izquierda le ofrece como presidente a un comunista con menos luces que un cementerio y que quizá por eso mantiene vínculos escalofriantes con un pasado de organizaciones terroristas como Sendero Luminoso, tiene amigos indeseables como Nicolás Maduro y está dispuesto a ser un sumiso servidor de organizaciones liberticidas como el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla.

Piensen bien su voto los peruanos. Los éxitos económicos del comunismo, y del Socialismo del Siglo XXI, su otro nombre, se pueden contar con los dedos de una mano y todavía nos sobra esa mano. ¿Ya ven a Venezuela, aquella potencia formidable en los años 60 que hoy podemos dar por perdida? ¿Observan a Argentina y su peronismo socialista que le ha llevado de ser una de las diez naciones mejores del mundo en los 50 al puesto 56 y bajando? ¿Ya saben lo que ha hecho el corrupto y pervertido sandinismo en Nicaragua con la libertad de información? ¿Quieren ver cómo los restos ultrajados de Montesquieu son enterrados en el Santuario de Santa Rosa de Lima?

Nunca el comunismo. Jamás el comunismo. Da igual de qué se disfrace, el comunismo todo lo pervierte y lo arruina. Todo, menos el negocio para los comunistas, que florece a costa de la sangre derramada y de la impudicia de los banqueros off-shore que les da igual de dónde venga el dinero y cómo de rojo venga manchado.

Frente a ese comunista que hoy puede hacerse con el poder en Perú, el voto del peruano libre, informado, consecuente y responsable, debe ser para Keiko Fujimori en quien recae la misión, no menor ni fácil, de devolverle el honor perdido a su apellido demostrando que su padre se equivocó y se puede hacer un Perú grande sin recurrir a métodos bajos.

En resumen, y como dicen nuestros hermanos peruanos: ¡Arriba Perú! Pero arriba de verdad. Nunca a la izquierda, y mucho menos a esta izquierda.

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