Djokovic y el no tan Abierto de Madrid

EDITORIAL
El tenista Novak Djokovic, en una rueda de prensa del Mutua Madrid Open. Europa Press

Suponemos que no hace falta aclarar que la soberanía de un Estado que se dice democrático y respetuoso con el Estado de Derecho no se construye sobre un poder ilimitado, sino que esa soberanía —nacional— esta sometida a que las leyes que la articulan sean justas. Si creyéramos lo contrario, si consideráramos a la soberanía de una nación como un poder omnímodo basado en «son sus normas y hay que acatarlas», tendríamos que ceder un sillón a Corea del Norte en el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, y va a ser que no.

A propósito del caso Djokovic Vs. la soberanía australiana, la inmensa mayoría de los políticos del mundo (y también la mayoría de la población) se ha puesto de parte de Australia con el axioma incontestable de que «las normas están para cumplirlas». Y nada podemos objetar a ello. Las normas que sean justas, por supuesto. Es cierto que la actuación de las autoridades australianas con vueltas y revueltas de sus normas sanitarias y decisiones políticas arbitrarias no ha sido la mejor. Ni mucho menos. Pero también es verdad que ese gran tenista que es Novak Djokovic no ha jugado limpio y no hace falta un ojo de halcón para darse cuenta de que, por más discutibles que sean las normas sanitarias australianas desde un punto de vista no sólo científico, sino racional, no se puede usar la mentira —y Djokovic la ha usado— para esquivar una ley.

A partir de la expulsión de Djokovic, el mundo periodístico se ha preguntado qué otros torneos se va a perder el campeón serbio. La mayor parte de las naciones soberanas donde se celebran los grandes campeonatos —Estados Unidos, Francia, Italia y Reino Unido—, exigen certificado de vacunación, alias ‘pasaporte covid’, para entrar y competir en el US Open, Roland Garros, Roma o Wimbledon. Así que al todavía número uno del mundo le quedan pocas opciones. Si acaso, el torneo de padres contra hijos de Belgrado y… el Abierto de Madrid (Mutua Madrid Open 2022, nombre oficial de la cosa).

Así es. España, en el ejercicio de su soberanía, no exige pasaporte covid a los que quieran entrar en el país. Un certificado de haber pasado la enfermedad hace poco o una PCR negativa son suficientes. Es decir, con las normas sanitarias fronterizas de España, Novak Djokovic puede jugar el Abierto de Madrid.

Por eso no se entiende el dislate del consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, que ha advertido al serbio de que tendrá que vacunarse para jugar el torneo. Exigir a un individuo en concreto lo que no se le exige al resto de la población mundial es ilegal. Y lo ilegal no puede caber en la soberanía que se le reconoce a la Comunidad de Madrid para dictar las normas justas que sean mejores para la protección de la salud de los que en ella viven.

¿Puede ser que el consejero de Ayuso esté pensando en cambiar las normas para perjudicar al serbio y al torneo y aprovechar el viento de cola?. Lo desaconsejamos. No sólo porque el mundo no puede girar en torno a una persona, por muy Djokovic que sea, sino porque esas cacicadas sólo son propias de socialistas, comunistas y gente de ese pelaje. No de un consejero de Sanidad de una región que gritó comunismo o libertad y votó libertad.

Salvo que fuera sólo un eslogan. Que sería peor.

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