El Partido Malvado y el Partido Estúpido

EDITORIAL

Hace ya años, el periodista conservador estadounidense M. Stanton Evans, mentor y maestro del también periodista y político republicano Mike González —autor de «El complot para transformar Estados Unidos» (Homo Legens), la primera gran obra de denuncia de las políticas identitarias—, le confió a González la siguiente reflexión: «Mike, en Washington sólo hay dos partidos: el Partido Malvado y el Partido Estúpido, y tú y yo somos orgullosos miembros del Partido Estúpido. Algunas veces, cuando los dos partidos se ponen de acuerdo, promulgan leyes malvadas y estúpidas, y a eso lo llamamos bipartidismo».

España, por lo visto en los últimos cuarenta años, pero sobre todo desde 2004, sigue las reglas bipartidistas de los Estados Unidos. Hay un Partido Malvado que ha construido una legislación para adecuarla a una narrativa identitaria que ha causado división y fractura en una empobrecida sociedad española y hay un Partido Estúpido que no sólo lo ha permitido, sino que no ceja en su empeño de seguir permitiéndolo. Algunas veces, el Partido Malvado Federal y el Partido Estúpido Español se ponen de acuerdo para aprobar juntos leyes malvadas y estúpidas o para repartirse cargos en las más altas instituciones del Estado de una manera malvada y estúpida. Y a eso lo llaman «consenso».

Las pruebas son concluyentes y se pueden consultar en el Boletín Oficial del Estado, en el Constitucional, en el Tribunal de Cuentas, en la factura de la luz, en las sentencias de los juzgados de violencia de género y en los datos de las empresas funerarias. Y también el pasado fin de semana en el Paseo de la Concha de San Sebastián cuando los socios parlamentarios del Partido Malvado, sediciosos y malversadores indultados unos, filoterroristas los demás, aprovecharon un día no laborable para abrazarse y exigir la libertad de los apenas 200 asesinos etarras que todavía están presos antes de volver a Madrid a proseguir con las negociaciones para pactar los presupuestos a cambio de innobles concesiones.

Mientras tanto, el Partido Estúpido, ciego ante el castigo que sufre España por culpa de un Gobierno funesto, se obstina en no hacer oposición alguna y limita sus críticas a algún teatrillo insípido en las sesiones de control mientras por unas migajas de poder permite el asalto del Partido Malvado a las instituciones llamadas a ser la primera línea de defensa de la nación española. Que luego las encuestas revelen un frenazo en seco de sus aspiraciones de Gobierno son sólo las consecuencias de la decisión de pactar con el mal para que apenas nada cambie y que lo poco que cambie, lo haga para peor. Lo cual, desde cualquier punto de vista posible, es una estupidez.

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