El Rey no se doblega a la presión

EDITORIAL

En este año miserable en el que la confianza de los españoles en las instituciones y en los gobiernos que las administran ha caído hasta límites intolerables en una democracia, no hemos podido tener mejor final que el discurso de Navidad de un Rey valiente que durante las últimas semanas ha soportado de manera admirable una intolerable presión por parte de la izquierda radical que desgobierna España y de los nacionalismos separatistas que trabajan sin descanso para fracturarla.

El discurso de Navidad de Su Majestad refuerza sin disimulos ni injerencias políticas el extraordinario servicio que Don Felipe brindó a España con su mensaje institucional el 3 de octubre de 2017. Entonces, las palabras del Rey zarandearon ciertas conciencias dormidas y rectificaron la actitud contemplativa de buena parte de la clase política española con el golpismo de los separatistas catalanes. Hoy, como entonces, Felipe VI —sucesor de Juan Carlos I, un Rey que, por encima de errores concretos, tiene reservado un sitio privilegiado en el corazón de millones de españoles y en los libros de Historia de España—, ha recordado la exigencia ética que significa honrar el pacto constitucional de 1978 y respetar lo que la Carta Magna significa para la democracia y para la libertad, dos palabras que sólo pueden ir unidas y que, sin embargo, cada día están más separadas por la acción irresponsable de ideologías concretas al servicio del socialcomunismo globalista y totalitario que hoy desgobierna España y varias desgraciadas naciones hermanas en América.

En el aspecto económico, Felipe VI ha demostrado conocer las necesidades del pueblo al que sirve y no sólo ha pedido reconocimiento y apoyo a las empresas, sino que ha reclamado directamente la protección a los autónomos y a los pequeños empresarios, los verdaderos creadores del empleo en España y que a diario reciben el desprecio de un Gobierno que se sacude la responsabilidad invocando a Europa o a las Comunidades Autónomas. El apoyo, el reconocimiento y la protección que exige el Rey son incompatibles con una Hacienda confiscatoria que considera al sector privado poco menos que una vaca —cada vez más escuálida— que ordeñar.

Desde La Gaceta de la Iberosfera nos unimos a la gratitud demostrada por Su Majestad con millones de españoles que han dado lo mejor de sí mismos, hasta la vida en decenas de miles de casos, para servir, proteger y aliviar el sufrimiento provocado por la pandemia china que asola Occidente. Cada uno desde su puesto, con el Rey como primero de los servidores públicos, reclamemos la vuelta a los principios morales y éticos evocados por Felipe VI en un discurso sin fisuras. Si así nos lo exigimos, si el compromiso con los valores éticos de la Corona es constante, seremos capaces entre todos de entregar una España unida, fuerte, solidaria, de memoria honrada y limpia a las generaciones futuras hoy representadas en Doña Leonor, Princesa de Asturias, hija y nieta de dos reyes españoles a los que recordaremos, por encima de ciertas mezquindades y alguna miseria, como a dos monarcas que cuando la Historia lo requirió, supieron mirarnos a los ojos con una mirada valiente y cabal.

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