«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
14 de febrero de 2023

España desprotegida

Algunos de los condenados por el golpe de Estado del 1 de octuvre de 2017, a la salidad de la prisión tras ser indultados por el Gobierno de Pedro Sánchez (Europa Press)

El auto de la Sala Penal del Tribunal Supremo que ayer confirmó las penas de inhabilitación para cuatro de los condenados por el proceso que culminó en el golpe de Estado del 1 de octubre de 2017, y que por desgracia declaró extinguida las condenas de inhabilitación de otros cinco de los condenados, contiene unos razonamientos que certifican que la derogación del delito de sedición desprotege a España frente a nuevas intentonas de ruptura.

Esto es lo relevante. Que criminales como Junqueras o Romeva no puedan ocupar cargo público hasta 2031, pero Cuixart o Forcadell, sí, es poco menos que insignificante cuando la reforma impulsada por Pedro Sánchez deja impune el próximo proceso legislativo de ruptura en Cataluña que podría ser mañana mismo. 

Asegura el Tribunal Supremo, y al hacerlo certifica lo que desde este periódico advertimos desde el mismo día en el que supimos del pacto innoble de las fuerzas que sostienen a este Gobierno, que el delito de sedición derogado estaba llamado a proteger el orden público en una dimensión que desborda el angosto —por estrecho y raquítico— espacio de tipicidad del nuevo artículo del Código Penal que castiga los desórdenes públicos.

Como hemos escrito en varias ocasiones, esta desprotección de las bases fijadas por la Constitución y que permite que mañana mismo cumplan los separatistas con su amenaza de volverlo a hacer, merecería, por sí sola, el reproche mayoritario de los representantes de la soberanía nacional en forma de una moción de censura. Cuando no la activación del artículo 102 de la Constitución que prevé la posibilidad de acusar al jefe del Gobierno de traición o cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones.

Con la derogación del delito de sedición impulsada por Pedro Sánchez, el presidente ha roto su promesa solemne de cumplir y hacer cumplir la Constitución como norma fundamental del Estado y, como es evidente, pone en grave peligro la unidad de la nación histórica sin la cual nada existe y todo se corrompe.

Decimos que ya sólo con la constatación de que hoy, con Pedro Sánchez, España está más indefensa ante sus enemigos interiores, debería bastar para que el tiempo del presidente al frente del Gobierno de la Nación terminase mañana mismo. Pero, y he aquí la paradoja de la España secuestrada por la ficción de la representatividad política, sólo hay un partido nacional, Vox, dispuesto a censurar a Pedro Sánchez en defensa de la nación española mientras el resto de las fuerzas, o bien son cómplices del plan indisimulado de destrucción de nuestras normas de convivencia, o bien se enrocan en la moderación —que es la ausencia de pensamiento— para decir poco y hacer nada… salvo coquetear con el socialismo.

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