La izquierda mediocre

EDITORIAL

El pudor, entendido como modestia, debería ser una condición exigible en política, sobre todo cuando, con una mirada honrada, uno contempla la ideología que informa su acción política y puede hacer un repaso de los fracasos de los correligionarios que le antecedieron y aprender de ellos para corregirlos.

Ayer, en una declaración impúdica, el presidente del Gobierno español, el reconocido doctor (?) Pedro Sánchez, redefinió la ideología de la que es parte, el socialismo, asegurando que «es la izquierda con experiencia». Esta insoportable levedad del presidente español nos da la medida del hombre que dirige los restos estupefactos de la nación española.

La experiencia sólo puede ser un grado cuando se aprende de los fracasos y no se insiste en ellos. Lo contrario es idiocia. El socialismo español tiene la experiencia de haber gobernado durante casi un cuarto de siglo de los pocos más de 42 años que han pasado desde la Transición a la democracia, y el Gobierno del doctor Sánchez es el paradigma perfecto de que no sólo no ha aprendido nada de ninguno de los desastres de sus predecesores, sino que, y ahí resalta la impudicia del ignaro vanidoso, persevera en ellos y los aumenta para desgracia de los españoles.

Los desastres del socialismo, que darían para una serie de pinturas negras, son demasiados para enumerarlos aquí y los conoce el lector. Baste recordar los cuatro millones y medios de empleos perdidos en todas las legislaturas (sin contar esta), una corrupción sistemática bajo la perversión de que «el dinero público no es de nadie» y el permanente contubernio con las fuerzas nacionalistas a las que el socialismo ha dado, y da, alas para romper España. Cada una de estas ‘experiencias’ debería haber conseguido el efecto de que el socialismo español, como ha pasado con el francés o el griego, hubiera desaparecido como opción política por el bien de España, de Europa, de Iberoamérica y del Cosmos en su conjunto. Es una suerte para el socialismo que haya millones de españoles que cada cuatro años decidan no respetarse a sí mismos ni a la nación.

Pero sobre todos los errores políticos del socialismo que conducen al desastre social español, el que con inquietante perseverancia se va agudizando de una manera evidente es su apuesta decidida por la mediocridad que comenzó como error en 2004.

Un doctor (quizá) mediocre, que preside un Gobierno de mediocres adictos, que escucha y se deja influir por un expresidente mediocre a sueldo del socialismo criminal iberoamericano, que consiente una alianza con incapaces desleales con la democracia, que gestiona una pandemia nacional con un ministro mediocre (siendo generosos) que fracasa de una manera estrepitosa y que, como recompensa, recibe el encargo de liderar un partido mediocre en una región como Cataluña que malvive en una ruptura social sin precedentes, convierte al socialismo español del siglo XXI en la izquierda mediocre. Eso sí, con experiencia.

Y, lo que es peor, la izquierda mediocre y su excelentísima mediocridad saben que sólo tienen futuro en una España mediocre. Y a eso dedican todos y cada uno de sus mediocres esfuerzos.

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