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La mala intención del PP

EDITORIAL

El ejercicio de aparente irresponsabilidad del Partido Popular, de su presidente, Pablo Casado, de su secretario general, Teodoro García Egea, de su portavoz nacional, José Luis Martínez Almeida y, al fin, del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, en la justificación de una operación de acoso y señalamiento al presidente de VOX, Santiago Abascal, y por ósmosis, a sus cuatro millones de votantes, nos obliga a cuestionarnos con seriedad qué hay detrás de una maniobra rechazada por tantas personas cabales dentro del PP y alabada por la izquierda pura y dura, incluida la nueva dirección de El País.

Lo evidente es que la declaración de persona non grata de Abascal y la negativa del PP a reconsiderarlo, es cuanto menos inconveniente para el Partido Popular… salvo que Génova esté planeando su mudanza a un edificio amplio con vistas a la calle Ferraz.

No es descabellado pensar que el Partido Popular de Casado —no las bases, sino los mandos— se encuentra en un momento de grave perturbación ante la idea, reconfirmada por las encuestas, incluso las pagadas por el PP, de que el bipartidismo ha muerto. En este sentido, demasiadas lenguas dan por hecho que el PP cuenta con el voto cautivo de VOX, pero estas maniobras que en principio son tan arteras como absurdas, como atacar ad hominem a Abascal en la moción de censura, nombrarle persona non grata en Ceuta o asegurar, como hizo ayer Casado, que «el PP jamás señala a ningún demócrata» (excluyendo a VOX del selecto club de los demócratas), parecen el comienzo de una operación de recolocación a la izquierda del centro político que dice representar el PP con vistas a futuros pactos, que no serán con VOX

Al fin y al cabo, dudamos de que Casado prefiera someterse a la dura negociación con un partido político insobornable como VOX que pone los principios por encima de los sillones. Su sitio natural, el del PP del postaznarismo, el que va de Rajoy a Soraya pasando por Lassalle, es el pacto con otros partidos con los que el Partido Popular comparte agenda social, política subvencionadora, aumento de la presión fiscal, despilfarro público autonómico, fe ciega en la Europa de los burócratas, renuncia a la identidad española, sumisión al ecologetismo, seguidismo de la agenda social —aborto, familia, inmigración— que marca la izquierda, pulsión globalizadora, complejo histórico y una política de parchear las crisis económicas mendigando fondos y elevando la deuda pública, que es elevar la hipoteca de los españoles del futuro.

Ante maniobras tan malintencionadas como las de la moción de censura o la declaración de Ceuta, todo apunta a que Casado está preparando el terreno para no pactar un Gobierno con ese socio exigente, desacomplejado y, por lo tanto, incómodo, que es VOX. Si fuera eso, que desde luego lo parece, y lo parece con entusiasmo, lo honrado por parte de Pablo Casado sería decirlo.

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