Los votantes del PP ya saben la verdad

EDITORIAL

Los votantes del Partido Popular recibieron ayer una noticia inesperada: el todavía líder del PP, Pablo Casado, contó la verdad sobre sus intenciones poselectorales y aseguró en voz alta que ofrecerá una gran coalición de Gobierno al PSOE. O, como segunda opción, una rendición unilateral, incondicional y sin ningún tipo de contraprestación de los votos de VOX, que deberá hacer presidente del Gobierno a Casado poco menos que por su cara bonita.

Si aceptáramos ‘gran coalición’ con el socialismo como un bien para España, que no lo hacemos porque para aceptarlo habría que beberse de tres a cuatro barricas de jumilla, el asunto nuclear sería saber qué proyecto tiene Casado en la cabeza para que le da igual usar a sus votantes para asociarse con el socialismo sanchista, ese campeón de la pandemia y aliado de comunistas y proetarras, que con VOX, el único partido que desde la tribuna del Congreso, desde la calle y desde los tribunales se ha opuesto al desastre socialista y a sus agendas globalistas, aquí y en toda la Iberosfera.

Conocemos bien a la militancia popular, como conocemos los afectos e inclinaciones de millones de españoles que todavía votan al PP, y nos solidarizamos con su estupefacción en este momento crucial en el que Casado ha decidido, por fin, que el Partido Popular ya no les va a mentir más. Su proyecto es la supervivencia del bipartidismo al precio que sea. Es decir: la nada. Una nada europeísta, atlantista y reformista en la que, por lo que parece, no cabe España. 

Hay 47,35 millones de razones para mandar al PSOE al olvidadero de la Historia. Blanquear el desastre, ofrecer una gran coalición a los campeones europeos de la crisis pandémica, a los que eligieron ideología antes que salud, a los que cada día gastan el dinero de nuestros impuestos en políticas ideológicas que provocan división —y enfrentamiento— entre españoles, a los indultadores de sediciosos no arrepentidos, a los mentirosos compulsivos de los que no recordamos una sola verdad, a los que, y esto es esencial, no han movido un dedo cuando fanáticos independentistas catalanes han llamado a apedrear la casa de un niño catalán que pidió estudiar en español, es delirante.

Con los primeros movimientos preelectorales de Juanma Moreno Bonilla en Andaucía y sus guiños al PSOE de los ERE y otros prostíbulos y con la guerra interna de egos en el PP que Casado no sabe cerrar, hasta un ratón ciego —no digamos tres— podría deducir la nueva estrategia del PP de blanqueamiento del socialismo. Y por eso lo advertimos. Es cierto que no esperábamos una confirmación tan tempranera por parte del propio Pablo Casado, pero lo esencial es que hoy, en el año de Nuestro Señor de 2021, el votante del Partido Popular conoce a lo que Casado quiere destinar su voto.

Habrá quien diga que la única conclusión sensata a la que puede llegar una persona normal es que Pablo Casado no quiere ser presidente del Gobierno. Puede ser, pero no es lo importante. Lo fundamental es que hoy, por fin, la responsabilidad absoluta es del votante del Partido Popular que ya conoce la verdad y no podrá refugiarse en excusas de realpolitik para disculpar las mentiras preelectorales de Génova.

Esperemos que esa verdad les haga libres.

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