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Ojalá Sánchez sólo sea un cínico

EDITORIAL
«Quisiera ser recordado por la respuesta a la pandemia […]
Creo que los españoles agradecerán y valorarán
muy positivamente lo que hicimos en estos difíciles momentos
de nuestra Historia y de la Historia de la Humanidad».
(Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España)

Sólo caben dos posibilidades. Una mala y otra peor. La mala sería que Pedro Sánchez fuera el presidente más cínico de la historia de la democracia española, muy por encima de otros cínicos de Ateneo con verrugas que padeció España hace ya tiempo. El cinismo, es decir, la desvergüenza a la hora de mentir, es una cualidad de la clase política dirigente socialista que los electores y los votantes hemos aceptado sin rechistar y hasta lo disculpamos como si los presidentes de la izquierda tuvieran bula para mentir como los periodistas deportivos en verano.

Felipe González, que hablaba con lengua de serpiente, hizo de la mentira una afición, Zapatero transformó la afición en oficio y Pedro Sánchez es un profesional. Los presidentes del centro a la derecha, por supuesto, también nos han mentido, con especial afán Rajoy, que incumplió todas sus promesas electorales. La diferencia entre los presidentes socialistas y los populares es que a Aznar y a Rajoy nada se les ha perdonado. Como tendría que ser.

La segunda posibilidad, desde luego mucho más nefasta para España, es la de que el presidente Sánchez sufra un trastorno patológico de la personalidad que le fuerza a creer que de verdad ha gestionado con eficacia la pandemia de coronavirus, la subsiguiente crisis económica y que los españoles se lo van a agradecer. No abundaremos en el desastre conocido por todos nuestros lectores que ha supuesto para España tener el peor Gobierno posible en el peor momento imaginable. Pero sí insistiremos en la responsabilidad de tantos que permiten, por su omisión del deber de auxiliar a España censurando a este Gobierno, que Sánchez pasee su cinismo o su mitomanía —insistimos: ojalá lo primero— por los Estados Unidos y por cualquier foro al que, a pesar de nuestra irrelevancia internacional, se convoque al presidente español o se autoinvite.

La única esperanza a la que nos agarramos con desesperación para creer que Sánchez es un cínico y no un trastornado es la confluencia temporal de otros mentirosos compulsivos que también se dan un notable alto en su ineficaz gestión de la pandemia como el presidente argentino, Alberto Fernández. Sánchez y su homólogo argentino son los presidentes de dos de los peores países del mundo en términos relativos tanto en infectados y fallecidos como en términos absolutos por las caídas de sus PIB. Aunque parezca una paradoja, nos alivia que haya dos presidentes que a la vez se jacten de lo bien que lo han hecho sin señal alguna de autocrítica y que usen todos los resortes para esquivar la investigación judicial de su posible responsabilidad criminal.

Esa confluencia temporal es el indicio mas sólido de que ambos son unos caraduras que no conocen la vergüenza y no dos dementes. Laus Deo.


Última hora: Hace unos minutos, en una entrevista con la cadena de televisión estadounidense CNN, Sánchez ha asegurado que esta misma semana pondrá en marcha un plan de donación de al menos siete millones y medio de vacunas ‘excedentarias’ desde España para América Latina. Ojalá, insistimos por tercera vez, sólo sea cinismo.

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