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Sólo encontrarán dragones

Desde aquel cercano 3 de octubre de 2017, cuando Su Majestad el Rey Felipe VI se asomó a España a través de la televisión y zanjó con un mensaje contundente la hasta entonces pusilánime respuesta del Estado al desafío republicano catalán, mucho ha pasado y nada de todo ese mucho ha sido bueno para la nación.

En aquel tiempo tan cercano de 2017, los españoles tratábamos de salir a dentelladas de deuda pública y reformas laborales de la crisis económica en la que nos instaló Zapatero, aquel que prometió el pleno empleo y que hoy, en el colmo del cinismo, se hace cruces invertidas al pensar que Trump llegó a ser presidente. Los españoles habían encargado a Mariano Rajoy que liderara el desmantelamiento de la pavorosa herencia social, económica y siempre política que nos había dejado ese cuentanubes amigo cercanísimo de tiranos sudamericanos. El encargo, por supuesto, incluía la defensa sin titubeos de la unidad de España, amenazada por segunda vez desde que Pascual Maragall revelara que el problema del nacionalismo catalán era la corrupción institucionalizada del 3 por ciento.

Mariano Rajoy, y hoy es posible juzgarlo con la mayor objetividad, no cumplió el encargo. Incapaz de frenar en tiempo y forma la traición de los poderes delegados de España en Cataluña, incapaz de impedir la fuga de un fulano radicalizado al que habían colocado como presidente de la Generalidad catalana, e incapaz de despejar la sombra de la corrupción de su partido, aceptó que el socialismo, tantas veces cómplice del nacionalismo y mil veces más corrupto, le arrebatara el Gobierno con una moción de censura apoyada por partidos que, después de lo ocurrido el 1 de octubre de 2017, no cabe duda de que deberían haber sido ilegalizados por su flagrante traición a la Constitución.

Parece que fue hace 20 años (que el tiempo es relativo según vayas ganando o perdiendo), pero fue ayer mismo cuando una España herida y todavía patidifusa contempló la llegada al Palacio de La Moncloa de Pedro Sánchez, el que un día, a buen seguro, será recordado como el santo patrón laico de los mediocres.

Hoy estamos peor que entonces. Y no sólo por los efectos estadísticos del virus chino, ni tampoco por la constatación de que las estructuras del Estado, incluida la mejor Sanidad del mundo, fracasaron durante los primeros meses de la pandemia.

En el asunto del llamado proceso catalán, la realidad es que los partidos que dieron el golpe siguen gobernando en Cataluña y son el puntal del Gobierno socialcomunista español. A una sentencia incalificable del Supremo que decidió que todo había sido un ensueño, le siguieron unos indultos tan anticonstitucionales como los sucesivos Estados de Alarma decretados por el Gobierno. Cuatro años y un día después, la imagen de la autoridad de España es la del presidente Sánchez, doctor (?) en Economía, inclinado ante una bandera regional mientras los golpistas retiran la bandera nacional envalentonados por la impunidad que les proporciona haber arrastrado a un Gobierno a una mesa de negociación.

Cuatro años y un día después de que el Rey diera un puñetazo encima de la mesa para despertar al Estado dormido, los golpistas catalanes indultados o fugados gracias a unos burócratas europeos que sólo nos demuestran desprecio, aseguran que lo volverán a hacer. Y todos los españoles, los de bien y los otros, sabemos que así será. Y será así porque el Estado ya no está dormido, sino que está despierto y es consciente, como lo fue durante los primeros meses de la pandemia, de su propia inutilidad a la hora de protegerse. Una inutilidad inversamente proporcional a su capacidad para esquilmar el bolsillo de los españoles.

Desde La Gaceta de la Iberosfera rogamos a todos los políticos españoles, a los que merezcan tal nombre, que relean el discurso del Rey y que lo tomen hoy como lo que fue hace cuatro años: una guía imprescindible para la supervivencia de la nación española. Si no lo siguen, si se obstinan en ir por caminos peligrosos con desprecio de las enseñanzas de la Historia de España, sólo encontrarán dragones.


En la esperanza de que algún político nos haga caso, volcamos a continuación el discurso íntegro de Felipe VI a la nación española del 3 de octubre de 2017. Scripta manent.

«Buenas noches,

Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática. Y en estas circunstancias, quiero dirigirme directamente a todos los españoles. Todos hemos sido testigos de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña, con la pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada -ilegalmente-la independencia de Cataluña.

Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.

Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.

Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando -desgraciadamente- a dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada.

Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España.

En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.

Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.

Hoy quiero, además, transmitir varios mensajes a todos los españoles, particularmente a los catalanes.

A los ciudadanos de Cataluña -a todos- quiero reiterarles que desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley. Porque, como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el resto de España, ni en ningún lugar del mundo. En la España constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos.

Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza.

Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos.

Y lo son porque están basados en el deseo de millones y millones de españoles de convivir en paz y en libertad. Así hemos ido construyendo la España de las últimas décadas. Y así debemos seguir ese camino, con serenidad y con determinación. En ese camino, en esa España mejor que todos deseamos, estará también Cataluña.

Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español, para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España».

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