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Texas Vs. Aborto

EDITORIAL
Protesta en la Universidad de Texas contra la decisión del Estado de prohibir abortar a un ser humano al que se le escucha latir el corazón. (Bob Daemmrich / ZUMA Press Wire / Dp / DPA)

En un episodio conocido, pero conscientemente olvidado, la mujer que en 1969 presentó una demanda contra la negativa de Texas de permitirle abortar y que dio paso a la sentencia de 1973 ‘Roe contra Wade’ que regaló el derecho del aborto sin restricciones en todos los Estados Unidos, reconoció 21 años después que el testimonio que había prestado ante el tribunal había sido mentira y que jamás fue violada. Si lo hizo así, aclaró, fue por las presiones de dos ambiciosas abogadas feministas, una de las cuales reconoció que si bien su conducta no había sido ética, era el medio necesario para conseguir el fin. El fin, de nuevo, como justificación de los medios. Una mala idea. Siempre.

Aquello debería haber bastado para revisar la sentencia, pero como en otros muchos lugares del mundo, la cultura de la muerte camuflada en supuestos derechos reproductivos se había instalado con comodidad en una sociedad anómica, consumista y rehén de la corrección política que dio por bueno el discurso de que la liberación de la mujer pasaba por el uso del aborto (planificación familiar, lo llamaron) como método anticonceptivo.

Medio siglo y cerca de 60 millones de seres humanos privados del derecho a la vida después, los datos anulan la idea de que el aborto sea la liberación de nadie, sino una forma de violencia ilícita contra el ser más indefenso del mundo y, también, contra su madre, muchas veces empujada al aborto por esa misma sociedad que la rodea y que ha contemplado con permisividad lo ilícito como forma de solucionar los problemas.

No negaremos la idea menor de que el aborto ya estaba presente en muchas sociedades antes de que fuera despenalizado, primero, y luego convertido en un derecho. Pero esperemos que los partidarios de la cultura de la muerte no nieguen que los tiempos han cambiado, en algunos casos para mejor, y que hoy ya no son la vergüenza, el deshonor, la pobreza o la dependencia, los motores esenciales del recurso al aborto.

Precisamente, por el cambio de los tiempos, de los paradigmas sociales y de ciertas reglas morales, es por lo que millones de personas, y en número creciente cada día, comprenden que con lo que se transigió ayer, incluso con las mentiras del caso ‘Roe contra Wade’, no se puede transigir hoy. La vida, en 2021, y máxime en tiempos de desolado invierno demográfico en Occidente, debe y puede ser respetada, alentada y protegida.

Ese cambio en la mentalidad de millones de personas, y en aumento, es lo que ha llevado al Estado de Texas a legislar que la vida del ser humano en gestación sea protegida sin excepciones a partir de la sexta semana de embarazo o desde el momento en el que se detecte el latido fetal. Es ese mismo cambio de paradigmas sociales el que de momento lleva a la Corte Suprema de los Estados Unidos (engañada con vileza por dos abogadas feministas hace medio siglo), a no enmendar la nueva legislación texana, que si bien es insuficiente, es un enorme paso adelante en la causa provida y un enorme revés, que celebramos, en el negocio de la muerte.

La izquierda, ciega a la realidad de los cambios sociales profundos, ha salido en tromba a clamar contra el avance de la extrema derecha bla, ola, ala, que limita la libertad con la excusa de una moral impuesta desde criterios religiosos. Ya no cuela. Como se habrá observado, este editorial no ha tenido que recurrir a la fe de nadie para defender que el aborto ya no tiene sitio en una sociedad que ya no está sujeta por ciertos estereotipos y reglas morales anacrónicas, y que hoy vive un proceso reaccionario frente a la realidad de la estúpida y en ocasiones ridícula, corrección política. Sin ninguna duda, Texas es un buen comienzo.

Si al presidente Biden la decisión soberana de Texas prohibir el aborto de un ser humano al que se le ha formado el corazón le parece «atroz», es problema de Biden, de su conciencia y de su propio corazón. Que parece de piedra.

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