La declaración conjunta de los partidos ceutíes del consenso —PP, PSOE y los musulmanes izquierdistas del Movimiento por la Dignidad y la Coalición Caballas— en respaldo de la decisión de la Delegación del Gobierno de prohibir la manifestación convocada por VOX en Ceuta en defensa de la nación española, no es nada nuevo en el panorama del bipartidismo español y sus corifeos. Desde hace ya tres largos años, estas fuerzas entienden la política como oposición a las iniciativas de la formación de Santiago Abascal, incansable en la defensa de los principios constitucionales y empeñada en llamar a las cosas por su nombre. Lo que VOX llama ‘invasión’, para los demás es una ‘crisis migratoria’. Lo que VOX llama ‘España’, para los demás es ‘Estepaís’. El lector, sea del partido que sea, sabe quién tiene razón.

Nada hay que reprochar a las formaciones de la izquierda, siempre tan obsequiosas con sultanatos, satrapías, repúblicas bananeras, reinos de desiertos no tan lejanos… y siempre tan receptivas a los obsequios (‘Tánger, Costa Socialista’ es el título de un libro que alguien debería escribir). Lo que es inexplicable es la posición del Partido Popular, capaz de ordenar en el pasado reciente una operación de comandos para desalojar al Ejército de Mohamed VI de un islote de cabras e incapaz ahora de encabezar una manifestación en defensa de la españolidad de una ciudad africana que jamás ha sido una colonia, que tiene un interés estratégico y defensivo incuestionable y que es parte indisoluble de todos los españoles. Tan española es Ceuta como Gerona, Alsasua o Burgos, y sólo la defensa activa de lo que es, permitirá que lo siga siendo. Recuerden siempre que «Ser es defenderse» (Ramiro de Maeztu).

Frente a reinos que usan a sus ciudadanos —menores incluidos— como carne de cañón, los Estados, y no digamos ya los Estados democráticos occidentales, deben demostrar una fortaleza moral sin dobleces en defensa de su ser que no sólo compete a las Fuerzas Armadas, sino a los poderes públicos y al pueblo. Hasta el general más obtuso sabe que a las guerras se va movilizando todos los recursos intelectuales de una nación. Si a esa nación, y al pueblo ceutí como parte esencial de ella, se le niega el derecho a reivindicar la defensa de su ser, se pone la primera piedra de una futura rendición. La segunda piedra es la declaración conjunta de partidos ceutíes en defensa cerrada de la indignidad de la Delegación del Gobierno sanchista que impide el ejercicio del derecho de manifestación de los ceutíes estableciendo, de paso, un cordón sanitario, otro más, a la iniciativa política de VOX.

El Partido Popular de Pablo Casado sabrá de qué lado está, si de la resistencia o de los colaboracionistas. En ausencia de las lecturas históricas adecuadas y ante la duda que siempre acompaña a la falta de convicciones, aconsejamos resistir. No por el bien del PP, que también, sino por el bien de los españoles.

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