La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, ha señalado este sábado de que los incendios forestales en España han calcinado ya este año más de 131.100 hectáreas.
El sector primario insiste en reiterar que incendios devastadores como los de la Sierra Oeste de Madrid «no son fruto de la casualidad», sino del abandono, de una «renaturalización» mal entendida que expulsa a ganaderos y agricultores y deja el terreno sin gestión activa, y censuran las normas aprobadas en el Congreso y el Parlamento Europeo.
«Estamos hartos desde los pueblos de que nos prohíban gestionar el territorio que llevamos gestionando décadas. Venimos avisando de que España es un polvorín, va a arder de arriba a abajo. Los incendios no se apagan en verano, se apagan en invierno (…). Las directivas europeas son una patraña que lo único que han hecho es prohibirnos gestionar nuestro territorio. Esto es la consecuencia del abandono de la gestión del rural. Que nos dejen desbrozar», manifiesta Marta, ganadera.
En este sentido, recuerdan que los ganaderos sufren normativas que les prohíben usos tradicionales, les imponen trabas burocráticas e incluso restricciones para participar en tareas de extinción… y exigen más inversión en prevención real con desbroces y limpieza de montes, apoyo decidido al pastoreo extensivo y la integración de agricultores y ganaderos en los planes de extinción.
La importancia del pastoreo
En este contexto, la Organización Interprofesional Agroalimentaria del Ovino y el Caprino (INTEROVIC) subraya que el pastoreo extensivo y la trashumancia siguen siendo herramientas eficaces —y menos costosas— para evitar grandes incendios.
«La ganadería extensiva y la trashumancia cumplen un papel esencial en la prevención de incendios y en el cuidado del entorno, ya que allí donde pasta el ganado la vegetación se reduce y con ella el riesgo de propagación de las llamas».
Por ello, señalan que en las últimas dos décadas el censo europeo de ovino y caprino se ha reducido un 26%. En España, más de 250.000 familias, la mayoría en la España rural, dependen de este sector, cuya actividad reduce de forma natural la vegetación seca y —con ella— el combustible que alimenta los incendios.