El Rey Felipe VI finalizó este jueves su viaje oficial a China, acompañado de la reina Letizia, tras tres días de encuentros institucionales y reuniones de alto nivel político que han reabierto un debate incómodo: el papel que Moncloa lleva años otorgando a Pekín y, especialmente, la utilización de la figura del Rey dentro de la arquitectura del giro asiático del Gobierno de Pedro Sánchez. Una polémica que ha resucitado un episodio desconocido para el gran público: la operación que, en plena pandemia, permitió que Huawei llegase directamente hasta el jefe del Estado gracias a una maniobra urdida por José Luis Rodríguez Zapatero y avalada desde el propio Gobierno.
Fuentes de inteligencia consultadas por The Objective definen aquel movimiento como “una operación de influencia en toda regla”, ejecutada en marzo de 2020, cuando España atravesaba los días más críticos de la covid. Según estas fuentes, fue “el primer gran éxito de Zapatero para China y Huawei”, y no habría sido posible sin el respaldo de Moncloa y la participación de la consultora Acento, dirigida por José Blanco.
En aquel momento, Huawei buscaba neutralizar el veto internacional que arrastraba desde que la primera Administración Trump la señalara como riesgo de espionaje. La compañía china pretendía evitar que España cerrase la puerta al despliegue del 5G, y para ello recurrió a los contactos políticos de Zapatero. El estallido de la pandemia, con un desabastecimiento total de material sanitario, abrió la oportunidad.
El 14 de marzo se decretó el estado de alarma, las reservas de mascarillas FFP2 estaban agotadas y cualquier partida privada se requisaba por ley. China era la única vía para conseguir suministros. Y, según las fuentes consultadas, Pekín lo explotó políticamente a través de Huawei.
La oferta llegó en los primeros días del confinamiento: la multinacional proponía donar un millón de mascarillas médicas, además de material de protección. Pero la comunicación no la hizo Huawei directamente. Quien acercó la propuesta al Gobierno fue Zapatero, acompañado por Acento, cuya cuenta de Huawei llevaba Antonio Hernando —hoy secretario de Estado de Telecomunicaciones—.
La donación tenía condiciones. Huawei exigía que el anuncio se canalizara a través de la Casa Real y reclamaba una conversación telefónica entre Ren Zhengfei —fundador de la compañía— y Felipe VI. El argumento era formalmente “evitar partidismos”, pero para los servicios de inteligencia formaba parte de la estrategia de influencia de Pekín: establecer un vínculo directo con el jefe del Estado español.
Moncloa gestionó la petición y trasladó la solicitud a Zarzuela. No hubo una llamada, sino dos, como recoge el registro oficial de actividades de 2020. La primera, el 21 de marzo, con Tony Jin Yong, entonces CEO de Huawei en España y figura clave en el fichaje de Zapatero por la empresa. La segunda, el 24 de marzo, con el propio Ren Zhengfei. Ambas quedaron documentadas en el apartado de “líderes extranjeros” del balance anual de la Casa Real.
El 1 de abril aterrizó en España el cargamento: un millón de mascarillas FFP2, 20.000 gafas, 20.000 trajes de protección y 100.000 guantes de nitrilo. Las cajas llevaban pegatinas con el lema “Luchamos juntos” y un proverbio chino sobre la amistad en tiempos difíciles.
Para los servicios de inteligencia españoles, lo ocurrido encaja perfectamente en lo que la RAND Corporation denomina “operaciones de influencia”: acciones coordinadas para moldear comportamientos o decisiones de otros países en favor de los intereses de quien las ejecuta. Eso, afirman, es exactamente lo que China logró a través de Zapatero y con la colaboración de Moncloa.
Un año después, Sánchez posaba junto a Felipe VI en el stand de Huawei del Mobile World Congress. Ese mismo 2021 fueron adjudicados nuevos contratos y accesos tecnológicos a la compañía en Sitel, en sistemas de Hacienda y en el Ejército del Aire, además de la contratación casi simultánea de la agencia de las hijas de Zapatero y del comisionista Víctor de Aldama.