El obispo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, Julián Ruiz, ha comunicado en una carta que «la causa de canonización» de los siervos de Dios don Eustaquio Nieto y Martín, obispo, y sacerdotes, religiosos y laicos compañeros mártires de la diócesis «se dispone a dar un decisivo paso adelante».
Así, en una carta señala que este sábado tendrá lugar la clausura de la fase diocesana en el altar mayor de la Catedral de Sigüenza. «A las 11 de la mañana, con la oración de laudes y la celebración de la Misa de acción de gracias, mostraremos nuestro agradecimiento al Señor por la fortaleza en la fe, la seguridad en la esperanza y la constancia en el amor de quienes fueron testigos de Jesucristo hasta la entrega de sus vidas. A continuación, en el altar de Santa María la Mayor se llevará a cabo el acto institucional».
La Delegación para la Causas de los Santos ha desarrollado —señala el obispo— «un meticuloso, paciente y eficaz trabajo». «A todos los miembros y colaboradores les agradecemos su esfuerzo y su dedicación. No habríamos llegado hasta aquí sin su tenacidad y su perseverante labor», agrega. En este sentido, cita a Benedicto XVI, que afirmó —según recuerda Julián Ruiz, que «cuando los cristianos son verdaderamente levadura, luz y sal de la tierra, se convierten como Jesús en objeto de persecuciones; como él son ‘signo de contradicción'». Y al Papa León XIV, que dijo el 25 de mayo que «la Iglesia de Roma es heredera de una gran historia, consolidada en el testimonio de Pedro, de Pablo y de innumerables mártires».
Eustaquio Nieto fue obispo de Sigüenza desde 1917 hasta 1936. Es mártir de la Iglesia católica. Fue el primero de los trece obispos asesinados por milicianos durante la Guerra Civil. Le arrojaron del coche en marcha, lo que le produjo diversas fracturas en las piernas. Después le dispararon varias veces mientras él gritaba «Viva Cristo Rey». Arrastraron el cadáver, lo arrojaron por un terraplén y lo quemaron dos veces. Era la noche del 26 al 27 de julio de 1936. Fue hallado el 4 de agosto por las fuerzas nacionales, por una pequeña columna de requetés navarros que había entrado el 3 de agosto en Alcolea del Pinar. El cadáver fue identificado por encontrarlo junto con su rosario, el pectoral y un cinturón chamuscado.