«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Los agricultores y ganaderos reclaman más vigilancia

Casi 100 corderos robados en Cataluña antes de la fiesta musulmana del Eid al-Adha

Un hombre antes de sacrificar un cordero durante el Eid al-Adha, la Pascua del Cordero, a 7 de junio de 2025, en Ceuta (España). Europa Press.

El campo vuelve a denunciar una situación de inseguridad creciente. En las últimas semanas, las zonas rurales del norte de España han sufrido una oleada de robos de ganado ovino coincidiendo con la proximidad del Eid al-Adha, la fiesta musulmana del cordero, que dispara la demanda y encarece el precio de estos animales, según reporta El Español.

La incidencia está siendo especialmente notable en Cataluña, donde en lo que va de mes se han producido casi un centenar de sustracciones de animales. Sólo en la comarca del Campo de Tarragona se han denunciado 42 robos, según datos de los Mossos d’Esquadra. A ellos se suman otros 15 en Juneda y 23 en Vallclara, según recoge El Caso.

El patrón apunta a grupos organizados que conocen el terreno, los horarios de las explotaciones y el calendario de precios. Los robos se producen de noche, normalmente con furgonetas. Los ladrones abren huecos en las vallas, acceden a las zonas donde descansan los animales y se los llevan antes de que el propietario detecte la falta a la mañana siguiente.

La subida de precios explica parte del fenómeno. Un cordero que en condiciones normales puede salir de una granja por unos 120 euros puede alcanzar en las semanas previas al Eid al-Adha entre 350 y 450 euros en el mercado negro.

Desde Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) matizan que el problema no se limita a esta festividad. Según explican, los ladrones detenidos hasta ahora no serían originarios de Marruecos ni de otros países musulmanes, sino españoles que buscan hacer negocio aprovechando la subida de la carne.

La organización agraria subraya además que los robos se disparan cada vez que un producto agrario se encarece, ya sea cordero, cabras, ovejas o incluso cerezas. Por ello, reclama actuar contra el mercado negro, donde los animales sustraídos pueden acabar fuera de cualquier control sanitario o trazabilidad legal.

El problema no afecta sólo a Cataluña. En 2024, en la Región de Murcia, se presentaron más de 40 denuncias por la desaparición de más de 1.000 cabezas en el Campo de Cartagena durante los meses previos a la festividad. A finales de ese mismo año, en las comarcas interiores del Campo de Tarragona ya se habían denunciado más de 300 cabezas robadas.

En febrero de 2025, la Guardia Civil desarticuló en Cáceres una red responsable del robo de 264 ovejas, valoradas en cerca de 32.000 euros, de las que sólo se recuperaron 30. En marzo, en Lorca, los agentes recuperaron 150 ovejas y 80 corderos robados en una explotación.

En Cataluña, Revolta Pagesa fue una de las primeras organizaciones agrarias en dar la voz de alarma, denunciando la multiplicación de casos y calificando la situación de «insostenible». También la Asociación de Pastores y Pastoras de la Conca de Barberà y l’Alt Camp ha pedido a sus afiliados compartir información y denunciar cualquier movimiento sospechoso.

Las pérdidas para los ganaderos van más allá del valor económico del animal. Cada robo altera el censo oficial de la explotación, lo que puede afectar a ayudas vinculadas a la carga ganadera. Además, los corderos sustraídos salen del circuito veterinario y de trazabilidad, pueden ser sacrificados sin control sanitario y acabar en la cadena alimentaria sin las garantías exigidas por la ley.

Los agricultores y ganaderos reclaman más vigilancia, pero admiten la dificultad de proteger cada explotación. «No puedes poner una patrulla de Mossos d’Esquadra en cada granja», señalan desde JARC, aunque reconocen que los cuerpos de seguridad han incrementado los controles en zonas rurales.

La organización insiste en que la clave pasa por acabar con el mercado negro y abordar los problemas estructurales del sector: la diferencia entre el precio que recibe el ganadero y el precio final en el mercado, la falta de mataderos en muchos territorios y las dificultades para vender productos como la lana, que en ocasiones incluso obliga a los productores a pagar para destruirla.

+ en
Fondo newsletter