«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Según el informe titulado La situación de la población inmigrante en Castilla y León

Casi el 40% de los inmigrantes no se identifica con España, según una encuesta oficial

Inmigrantes musulmanes. Redes sociales

El relato oficial sobre la integración vuelve a resquebrajarse. Un estudio del Consejo Económico y Social de Castilla y León revela que el 39,5% de los inmigrantes se identifica principalmente con su país de origen y no con España, un dato que cuestiona de raíz el modelo migratorio impulsado en los últimos años.

El informe, titulado La situación de la población inmigrante en Castilla y León, analiza factores clave como la integración laboral, el bienestar o las expectativas vitales, pero pone el foco en dos elementos decisivos: la identidad y la participación política.

En este sentido, los resultados son contundentes. Apenas un 8,3% de los inmigrantes afirma sentirse más español que de su país de origen, mientras que un 27% asegura sentirse tan español como extranjero. Frente a ello, casi cuatro de cada diez priorizan su identidad de origen, y un 14,7% directamente declara no identificarse con ninguna de las dos realidades.

Este escenario refleja una fractura creciente entre convivencia e integración real. No se trata únicamente de compartir espacio, sino de asumir una pertenencia común, algo que —según los datos— está lejos de consolidarse.

El problema se agrava al analizar la participación política. El mismo estudio indica que la implicación electoral de los inmigrantes es mínima, con tasas del 8,5% en elecciones municipales y apenas del 5,6% en autonómicas y generales. En las elecciones europeas, la participación se sitúa en el 5,5%.

Estos datos apuntan a una desconexión evidente respecto al sistema institucional y al funcionamiento de la comunidad política española.

No es un fenómeno aislado. Un informe del Ministerio de Igualdad de 2021 ya advertía de esta tendencia en determinados colectivos. Entre la población africana y afrodescendiente, sólo un 6% se identificaba como español, frente a porcentajes mucho más elevados que priorizaban identidades de origen o categorías culturales alternativas.

Todo ello se produce en paralelo a las políticas de regularización masiva impulsadas por el Gobierno, que han incrementado de forma acelerada la llegada de inmigrantes. Más allá del impacto económico —presión sobre la vivienda o el sistema de bienestar—, los datos evidencian un desafío más profundo: la cohesión nacional y la capacidad real de integración.

Porque la cuestión de fondo no es solo cuántos llegan, sino si existe un proyecto común capaz de integrarlos. Y, a la luz de estos datos, la respuesta resulta cada vez más incierta.

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