La frontera sur vuelve a mostrar la incapacidad del Gobierno para controlar la inmigración ilegal. Este jueves, 43 varones de origen magrebí y subsahariano —la mayoría de Sudán y Argelia— fueron trasladados desde el CETI de Ceuta a la península. Lejos de ser una solución, estos movimientos sólo extienden la presión migratoria a otras comunidades autónomas.
Según los datos oficiales, 36 de los recién llegados pidieron ayuda humanitaria y 7 solicitaron protección internacional. Todos ellos salieron en el ferry de las 10:30 rumbo a Algeciras para continuar su itinerario hacia centros de acogida repartidos por España.
Mientras tanto, el CETI sigue totalmente desbordado con más de 800 internos. Desde hace dos semanas se ha visto obligado a cerrar sus puertas a nuevos ingresos, lo que ha provocado que cerca de 200 inmigrantes ilegales acampen en la calle, a las puertas del recinto. Sólo pueden acceder en turnos reducidos para comer o asearse.
La delegada del Gobierno, Cristina Pérez, reconoció que «la situación no es la deseable». Sin embargo, cada semana se repite el mismo patrón: la falta de control en las fronteras deriva en traslados masivos a la península, repartiendo la carga de la inmigración ilegal por toda España.