Hace una década que Venezuela puso en marcha la producción del Tiuna X5, un SUV de origen completamente chino ensamblado en el complejo militar de Fuerte Tiuna, instalaciones afectadas recientemente por el ataque estadounidense en la capital bolivariana. Este proyecto se basó en el método productivo Completely Knocked Down (CKD): vehículos enviados desde China desmontados pieza a pieza que luego se montan localmente, un sistema de ensamblaje en origen extranjero que hoy tiene un claro reflejo en España.
Según El Debate, en Venezuela, el acuerdo entre el Gobierno de PSUV y el grupo automovilístico chino Chery Automobile permitió la producción del Chery Tiggo, que llegó desde China para ser montado en la planta de Fuerte Tiuna con participación menor de componentes locales. Aunque en algunos momentos se llegó a emplear un 20–30% de piezas venezolanas, las sanciones y el embargo redujeron esa opción casi al mínimo.
Ese mismo modelo productivo está aterrizando hoy en España. En la Zona Franca de Barcelona, la joint venture entre la firma española Ebro (Chery) y Chery ha reactivado la antigua planta de Nissan, empezando a ensamblar vehículos —como el SUV Ebro S700 y el S800— bajo un sistema similar al CKD, con piezas que llegan desde China para su montaje local.
La planta catalana ya produce vehículos basados en plataformas chinas con una fabricación principalmente de ensamblaje local, en un proceso que ha suscitado críticas por parte de Bruselas. La Comisión Europea ha cuestionado el valor añadido real de estas operaciones y ha señalado que dichos ensamblajes generan empleo de baja calidad y aportan poco al tejido industrial europeo mientras se benefician de la etiqueta de «hecho en Europa».
La presencia de fabricantes chinos como Chery en España, y el uso de métodos similares a los aplicados en Venezuela, evidencian el avance de una estrategia productiva global china que busca posicionarse en mercados clave combinando bajos costes, acuerdos industriales y adaptación de la legislación local, una dinámica que —según críticas de la industria europea— podría reducir el peso de la producción auténticamente europea a favor de ensamblajes con origen extranjero.