«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Crítica de la última obra de Miguel Ángel Quintana Paz

‘Cosas que he aprendido de gente interesante’: una «linterna» para sumergirse en los temas cruciales para la civilización occidental

Último libro de Miguel Ángel Quintana Paz. LGI

El filósofo español Miguel Ángel Quintana Paz acaba de publicar un libro bien difícil de clasificar. Por ser atrevida, lo llamaré en principio «linterna», aunque bien podría ajustarse a la idea de una «guía» o «manual», pero ninguno de estos términos le hace absoluta justicia.

Como viene haciendo en otras ocasiones, —de hecho algunos de los capítulos fueron ya publicados en periódicos— a lo largo del libro: Cosas que he aprendido de gente interesante (352 páginas – Deusto – 2025), Quintana se toma el trabajo de pasar por el tamiz del pensamiento filosófico, ideas, sucesos o controversias de la vida cotidiana; con una maestría envidiable, propia de quien se siente cómodo en ambos mundos: el del pensamiento abstracto y el de la vida concreta de la gente de a pie.

Por cierto no le hace asco a ningún tema, por más incómodo que sea. Hacia el final el libro se mete de lleno con la Religión — no es spoiler, el libro no tiene principio o fin, se puede leer desde la mitad, se puede empezar por el final, se puede ir y volver a gusto del lector o cuando alguno de los capítulos sirva para explicar a otro—. Allí, el autor se hace muchas preguntas: ¿Llegó el fin de la Cristiandad?¿Cuál es el rol de la religión para quienes no creen en Dios? ¿Puede convivir el Isalm con Occidente? ¿Qué pasa con la derecha cuando la iglesia se vuelve woke? El recorrido de los capítulos destinados a la religión es un oasis inusual, reconfortante en medio de esta prolongada crisis de los valores judeocristianos, esos sin los cuales nuestra civilización no existiría. Las preguntas, las angustias, los dilemas en torno a la religión exceden en largo la cuestión religiosa y, sin pompa, ordenan el caos actual en el que los dioses parecen haber enloquecido.

Pero me fui al final y quiero hablar del principio. Quintana dedica la primera parte a la Filosofía. Pone a dialogar a filósofos de todas las épocas con cuestiones muy actuales como la corrección política, el relativismo, la posverdad y varios etcéteras. El libro contiene algunos de sus hits, como los ofendiditos, los escandalizaditos o el capitalismo moralista. De la forma más amena, inocula al lector con referencias a San Agustín, Friedrich Nietzsche, Mario Perniola, Oscar Wilde, Immanuel Kant, Sun Tzu o Charles Stevenson. Y lo hace desafiando consensos sagrados como la empatía, el emotivismo, la transparencia o el mismísimo concepto de «consenso» —al autor esta forma de provocación se le da bastante bien—. Quienes crean que la filosofía no puede ser actual, deben leer el uso que ha dado de Hobbes para criticar el comportamiento hipócrita (el adjetivo corre por mi cuenta) de los libertarios durante el bienio covídico, o cómo puede ayudar Buda a convivir con los trolls en las redes sociales.

El grupo más nutrido de capítulos es el que Quintana dedica a la Política. De nuevo, en esa conversatio permanente en el que autores clásicos o contemporáneos son usados para explicar temas muy en boga en el debate político actual como la batalla cultural, el hombre de paja al que llaman «populismo», la decadencia de las elites o la obsolescencia de las categorías políticas.

Quintana es de los pensadores que mejor entiende a la izquierda actual y a su evolución en las últimas décadas, siguiendo a menudo las enseñanzas de Gustavo Bueno, y es por eso que se siente cómodo describiéndola y confrontándola. Pero donde descolla es en su osada y permanente crítica a la derecha partidista e ideológica. Este bloque de capítulos recorre dichas deliberaciones políticas, tal vez porque Quintana no se resigna a la torpeza y pereza intelectual de todo aquello que en el mundo está a la derecha de la izquierda. A esta partida el autor invita, entre otros, a Antonio Gramsci, Alain Touraine, Christophe Guilluy, Antonio Escohotado, Ernesto Laclau o a Albert Camus.

El libro contiene gran parte de los debates políticos que los políticos, en general, pasan por alto. En sus páginas emerge ese sustrato de ideas en pugna, manipulaciones, buenas propuestas con mala prensa y viejos debates con ropas nuevas que suelen ser relegados cuando las campañas electorales, las encuestas o las gestiones parlamentarias imponen su urgencia. ¡Y es curioso porque de ese sustrato depende el éxito o el fracaso de los políticos y de sus proyectos!. Por momentos se lo ve remar en brea al autor, contracorriente de propios y ajenos, gritando a los sordos.

Tal vez en ese sentido el libro es un poco “back to the basics”, de esa visión que solemos tener del filósofo preclaro, viendo cómo todo se va al demonio, tratando de poner cordura en medio del huracán. En este libro Quintana quiere alertar sobre todo lo que pasa, pero ocurre que pasa mucho y muy rápido y se las tiene que ingeniar para explicar demasiadas cosas. Se le atribuye a Vladimir Lenin la frase «Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasa de todo«, y como estamos viviendo en uno de esos momentos en los que pasa de todo, pareciera que el autor pensó al libro como una herramienta para poder transitarlo.

Para usar una imagen un tanto irreverente para describir un libro, diré que sumirse en Cosas que he aprendido de gente interesante es como scrollear la actualidad —iba a decir «hacer zapping» pero tan vertiginosas son estas épocas que ese concepto tan emblemático de unos pocos años atrás ya es un auténtico vejestorio y quienes nacieron en este siglo ni siquiera lo entenderían—. Pero sí vale usar la metáfora de scrollear. El libro tiene la virtud de permitir esa dinámica lectura.

Justamente, en un pasaje en el que se habla sobre Nietzsche y la historia como un armario de disfraces que conviene conocer, Quintana dice: «Me gustaría pensar en este libro de un modo similar a ese armario nietzscheano. No encontrará aquí el lector un «sistema» de filosofía, aunque hablaremos de filosofía; no hallará el desarrollo de una ideología política, aunque hablaremos de política; no se topará con una teología determinada, aunque hablaremos de religión. Lo que aquí se guarda son más bien trajes distintos, herramientas diversas, conversaciones diferentes que podrán cuadrarle en alguna ocasión más que otra. Los capítulos a menudo están muy relacionados con el autor citado en su título; en otras ocasiones, la ligazón con el mismo resulta tenue, apenas una excusa para pensar».

Una entrañable característica de Quintana, es que se permite un dejo de esperanza, aun cuando esté describiendo las realidades más sórdidas. Eso y su tendencia al humor y la ironía hacen de esta maratón temática una lectura más que amena.

En conclusión, un libro para sumergirse en los temas políticos y filosóficos contemporáneos, cruciales para la civilización occidental, de la mano de un pensador que ni subestima, ni regaña, ni abruma al lector; por el contrario, se sienta a conversar con él, y a hacerle más plácido comprender este mundo loco.

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