«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Crisis en la prensa separatista mantenida con subvenciones de la Generalidad

El adoctrinamiento a través de los medios de comunicación -públicos y privados- costaba millones de euros a la Genrarlidad. Ahora deben afrontar las leyes del mercado

La Generalidad de Cataluña ha gastado millones de euros en financiar medios de comunicación, públicos y privados, para garantizarse el apoyo al proceso separatista. Con la intervención de las cuentas autonómicas, ese dinero ha dejado de fluir y los medios, que no eran rentables sin esas ayudas económicas, deben enfrentarse a la realidad: no son rentables porque la sociedad no los elije como su fuente de información.
Conocemos ahora el caso del diario El Punt Avui, que está negociando un ERE que afectará al 40% de la plantilla que quedará reducida a poco más de noventa profesionales. El diario, surgido de la fusión de las antiguas cabeceras El Punt y Avui, era uno de los buques insignias del separatismo y estaba volcado en apoyo del proceso de ruptura de España.
El Grupo Hermes Comunicaciones, propietario de la cabecera, ha ofrecido a sus empleados una indemnización de 20 días por año trabajado, con un máximo de 12 mensualidades. Además, la plantilla que permanezca trabajando tras el ERE sufrirá un recorte del 10% en sus ingresos.
En 2016, la generosidad del Gobierno de Puigdemont con los medios de comunicación separatistas quedó clara con este diario que recibió más de dos millones y medio de dinero a través de la publicidad institucional. Una cantidad resultante de la suma de los contratos de la Generalidad con la edición en papel, la digital y las ayudas a la difusión en lengua catalana.
Ahora, el diario, que tenía una redacción en Gerona -la original del periódico- y otra en Barcelona, valora el cierre completo de la segunda para volver a ser una cabecera provincial. La misma en la que el expresidente Carlos Puigdemont trabajó en los años ochenta como periodista.
Esta circunstancia, la de que sea la empresa periodística en la que trabajó Puigdemont, ha hecho que lluevan críticas contra el ejecutivo regional que él presidía y que ha concedio más contratos publicitarios a esta cabecera que a otras con más audiencia como son La Vanguardia o Ara.
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