«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Alentó durante décadas la inmigración islámica

De la «nieta musulmana» de Artur Mas al minarete en Serós (Lérida): así promovió el separatismo la islamización de Cataluña

Un grupo de musulmanas en Cataluña. LA GACETA

El catalanismo que los bobos con poder aposentados en Madrid califican de «moderado» y «sensato», al que están convencidos de que se le puede comprar con dinero, está atravesando una crisis similar a la de otros partidos hegemónicos en el resto de Europa, como el socialista portugués, el socialdemócrata alemán, el popular austriaco o el conservador británico. Y la causa es idéntica: las oleadas de inmigración que todos ellos alentaron y que sus pueblos rechazan.

Ese catalanismo se encarnó, primero, en el partido Convergència Democrática de Catalunya (CDC), fundado por Jordi Pujol, presidente de la Generalidad catalana de 1980 a 2003, y luego, cuando la sucesión de casos de corrupción lo anegó en fango, mutó en Junts por Catalunya en 2018, presidido por el golpista huido Carles Puigdemont.

Las encuestas indican en Cataluña que el partido separatista Aliança Catalana, dirigido por Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll y diputada en el Parlamento regional, está subiendo como la espuma y lo hace a costa de Junts. La última, elaborada por el Centre d’Estudis d’Opinió, dependiente de la Generalidad, podría cuadruplicar sus votos y pasar de dos escaños a casi 20, mientras que Junts caería de 35 a 20 o menos y perdería más de un tercio de su electorado.

Aliança no tiene más que un punto en su programa: la oposición a la inmigración, que en las comarcas catalanas es, sobre todo, musulmana, tanto marroquí y argelina como senegalesa y paquistaní. Entre otras medidas, propone la suspensión de ayudas a todos los inmigrantes y la prohibición de velos y otras vestimentas que suponen la inferioridad de las mujeres.

Ésta es la verdadera causa de la ruptura de Junts con el PSOE. Los catalanistas, que hicieron presidente en 2023 a Pedro Sánchez con sus siete diputados, y le han aprobado leyes fundamentales, a cambio de indultos y amnistías, temen su desplome en las próximas elecciones locales. Numerosos concejales y alcaldes de Junts se están pasando al partido de Orriols, porque lo hacen sus votantes.

Para robarle el discurso a Aliança y taponar la fuga de cargos y electores, Junts le exigió a Sánchez el traspaso de las competencias sobre inmigración, otro pedazo del Estado que el socialista estuvo dispuesto a entregar, igual que toda la izquierda, pero que fracasó en el Congreso por el voto en contra de los diputados de Podemos, por una vez coherentes con su ideología.

Otro recurso que están usando estos catalanistas, adheridos a todas las causas del globalismo (descarbonización, emergencia climática, eutanasia, aborto, vehículos eléctricos…), es una sucesión de declaraciones contra la inmigración para intentar seguir engañando a sus votantes.

La última proviene de Artur Mas, quien desencadenó el proceso separatista en 2012 para encubrir la corrupción de los Pujol y de su partido y señalar un culpable a los recortes aplicados por la Generalidad que presidía debido a la crisis. En una entrevista en el canal en catalán de TVE afirmó que Orriols «dice cosas que ya decíamos nosotros hace veinte años, como que aquí no cabe todo el mundo», lo que rompe con el mantra de Cataluña como «país d’acollida», como le replicó la periodista. El político fracasado intentó justificarse: «Es que una cosa no contradice la otra. Que no cabe todo el mundo quiere decir que no nos podemos convertir en un país donde hay un descontrol absoluto respecto a la llegada de personas que vienen de fuera».

Mas trata de que se olvide que su protector Jordi Pujol, el que le designó primero como conseller en cap y luego como presidente de la Generalidad, fue el responsable de llevar a Cataluña a cientos de miles de marroquíes. Y él participó de ese proyecto, hasta el punto de declarar en 2001, también en TVE, que no le importaría tener una nieta musulmana «si hablara catalán». Cosa sorprendente en una persona que se considera católica.

Pujol, al que se va a juzgar, junto a sus hijos, por los delitos de asociación ilícita, blanqueo de capitales, falsificación de documento mercantil, contra la Hacienda Pública y alzamiento de bienes, no quería inmigrantes hispanoamericanos, porque no entendían la obsesión de los catalanistas con la lengua. En un libro de conversaciones publicado en 2008, Pujol dijo que «a los latinoamericanos les cuesta entender la catalanidad», más que a los marroquíes.

A finales del siglo XX, el catalanismo temió que la llegada de cientos de miles de hispanoamericanos, agravase la «aculturación» de su Cataluña de tebeo. Entonces, a algunos cerebros se les ocurrió la brillantísima idea de traer inmigrantes musulmanes, porque, ya que tendrían que aprender un idioma para vivir en Cataluña, la Generalitat podría hacer, mediante la educación y los subsidios, que fuese el catalán.

A pesar de las quejas del Gobierno nacional, en 2003 la Generalitat abrió una delegación en Casablanca (Marruecos), a cuyo frente nombró a Àngel Colom, antiguo mandamás de Esquerra Republica (ERC), abducido por la máquina de comprar favores de Pujol. A diferencia de otras «embajadas», como la del Vaticano, esta delegación estaba vinculada a la consejería de Trabajo y ofrecía empleo en Cataluña a los marroquíes.

En 2011 Colom expuso claramente que se debía convertir a los recién llegados en catalanes nacionalistas, que cantasen ‘Els Segadors’ y se emocionasen con las victorias del Barça sobre el Real Madrid. Lo importante para los separatistas era que los musulmanes ondeasen la «estelada». Su integración era secundaria. También en ese año, según desveló Chris Coleman, Pujol escribió una carta al ministro de Asuntos Exteriores marroquí en la que elogiaba al país y reprochaba al PP y al PSOE que no le apoyasen en la UE en el asunto de la anexión del Sáhara Occidental.

La Generalitat y los principales partidos catalanistas, como Convergència/Junts, Esquerra Republicana y el PSC-PSOE, han montado asociaciones para controlar a los inmigrantes, sean marroquíes o paquistaníes, y convertirlos en soldados de la independencia, como antes hicieron con los inmigrantes andaluces. El velo musulmán ha entrado en el Parlamento catalán gracias a Najat Driouech, diputada de ERC, que pide la independencia de Cataluña y arremete contra VOX. El paquistaní Khalid Shabaz, candidato de la desaparecida CiU, no sólo era un islamista radical, sino que además fue detenido por estafa y falsedad documental. 

La perspicaz maniobra de los catalanistas de realizar el gran reemplazo ha concluido con la destrucción de su tierra, como ha ocurrido en Londres, Bruselas o París. En el municipio ilerdense de Serós, un alcalde de Junts autorizó a la comunidad musulmana a instalar un minarete de estilo marroquí en la mezquita local, el primero en Cataluña desde la Edad Media.

La nieta musulmana de Mas quizás chapurre catalán, pero es seguro que hablará árabe.

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