El diario El Correo publica la historia de Izaro, una joven de Durango (Vizcaya), que fue violada y decidió grabar un vídeo denunciando su situación, ya que, en su opinión, el sistema judicial le había fallado. La publicación, difundida hace varias semanas en redes sociales, generó una ola de solidaridad, pero también un aluvión de mensajes de odio que terminaron destapando una realidad más amplia: decenas de mujeres aseguran haber sufrido agresiones físicas y sexuales por parte de radicales de la extrema izquierda proetarra vinculados al fútbol en el País Vasco.
Uno de los comentarios que recibió Izaro, procedente de un aficionado ultra de la Real Sociedad, fue el que colmó su paciencia. «Yo también te violaría. Estás buenísima. Seguro que el que te violó disfrutó de tus tetas y tu coño guapa vasca. Verás guapa, verás otra vez…», rezaba el mensaje que la joven decidió denunciar ante la Policía y hacer público.
El caso dio un giro cuando un colectivo feminista vasco, con cerca de 18.000 seguidores en redes sociales, se hizo eco del ataque. Según explican, su espacio «surgió por medio de Cristina Fallarás» y se ha extendido «por comunidades, provincias y ciudades» para recoger testimonios de mujeres víctimas de agresiones. Al publicar el perfil del autor del mensaje, varias seguidoras le identificaron como miembro de Bultzada, grupo de hinchas de la Real Sociedad próximo a Bildu. Las acusaciones crecieron hasta que la propia organización anunció su expulsión.
Sin embargo, el foco se desplazó rápidamente hacia Herri Norte, el grupo radical del Athletic Club, vinculado también con la izquierda proetarra. En apenas una semana, las feministas recibieron más de 30 mensajes de mujeres que relataban agresiones supuestamente cometidas por miembros de este colectivo y de otros como Iraultza, del Alavés.
Ante la presión, Herri Norte emitió un comunicado en el que se define como «antifascista» y contrario a la violencia machista. Admitió algunos casos, aseguró haber expulsado a los responsables y animó a las víctimas a contactar con el grupo. Las denunciantes, sin embargo, sostienen que «se tapan entre ellos» y que muchas siguen teniendo «miedo a hablar».
En este sentido, insisten en que algunos de los radicales proetarras que han atacado a mujeres siguen en el grupo en la actualidad. Relatan incluso que se ríen de algunas jóvenes después de abusar de ellas y que son las víctimas las que tienen que abandonar los espacios que solían compartir.