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Del Cabo de Gata a Huelva: las borrascas sacan a la luz la impunidad de las narcolanchas en Andalucía

Narcolanchas refugiadas del temporal en la playa de Los Genoveses, en Cabo de Gata (Níjar).

Las sucesivas borrascas que azotan Andalucía este invierno, con Leonardo aún activa, han vuelto a dejar al descubierto una escena que ya no resulta excepcional: narcolanchas refugiadas a escasos metros de la costa, amarradas en calas, fondeadas en bahías o incluso dentro de puertos deportivos. Lo que durante años se concentró en puntos muy concretos se ha extendido ahora a todo el litoral andaluz, de Almería a Huelva, aprovechando cada episodio de fuerte viento y oleaje.

Los últimos avistamientos en la costa de Almuñécar, en Granada, o en la playa de Agua Amarga, uno de los enclaves más visitados del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, se suman a una cadena casi diaria de apariciones desde comienzos de año. El tren de borrascas invernales ha convertido el mal estado del mar en un aliado inesperado para estas embarcaciones, que interrumpen sus travesías y buscan abrigo en tierra firme hasta que el temporal remite.

Este patrón se repite cada vez que el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán se vuelven impracticables. En esas circunstancias, las gomas se aproximan sin dificultad a la costa y permanecen durante horas o incluso días a la espera de una ventana meteorológica favorable que les permita retomar la actividad. Calas protegidas, puertos y bahías se transforman así en áreas de descanso improvisadas.

Uno de los episodios más recientes ha tenido lugar en la Costa Tropical granadina, detalla El Debate. La llegada de vientos intensos y fuerte oleaje asociados a la borrasca Leonardo ha dejado imágenes de varias narcolanchas fondeadas en el entorno del puerto deportivo de Marina del Este y en la bahía de La Herradura, pedanía de Almuñécar. No se trata de un hecho aislado. La semana anterior, vecinos y autoridades locales ya habían alertado de la presencia de hasta media docena de estas embarcaciones frente a sus costas.

A finales de enero, otro temporal dejó dos narcolanchas a la deriva en las inmediaciones de La Herradura, una de ellas cargada con bidones de combustible. La actuación policial obligó a dispersarse a varias gomas que habían elegido las calas cercanas como refugio natural frente al mal tiempo.

La costa de Almería ha vivido escenas similares en los últimos días. En Agua Amarga se detectaron varias embarcaciones resguardándose del temporal, mientras que en San Juan de los Terreros, pedanía de Pulpí, se llegó a avistar cerca de una veintena de narcolanchas buscando protección. Vecinos, alcaldes y asociaciones de guardias civiles han denunciado públicamente estos hechos, sin que el Gobierno haya ofrecido apenas respuesta.

En Málaga, cuyo litoral abarca tanto la Axarquía como la Costa del Sol, también se han registrado episodios puntuales en las últimas semanas. Uno de los más llamativos se produjo dentro del puerto de Caleta de Vélez, donde una narcolancha se refugió del temporal. Lejos de ocultarse, sus tripulantes llegaron a saludar con sorna a quienes los grababan desde el muelle, una imagen que refuerza la sensación de total impunidad.

El fenómeno tampoco se limita al litoral oriental. En la provincia de Cádiz, enero y los primeros días de febrero han dejado nuevos avistamientos. Pese a lo ocurrido el 9 de febrero de 2024, cuando una narcolancha arrolló a varios guardias civiles y acabó con la vida de David y Miguel Ángel, el puerto de Barbate sigue siendo utilizado como refugio en días de mal mar. Esta misma semana se han visto allí, al menos, dos gomas.

En Huelva, el esquema es similar desde hace años. La costa occidental, con marismas, espigones y desembocaduras, se emplea como zona de espera cuando el Atlántico se muestra especialmente duro. Los temporales invernales continúan empujando a las narcolanchas hacia estos puntos protegidos, donde permanecen hasta que pueden volver a navegar en mar abierto.

Ni siquiera el interior queda al margen. En la provincia de Sevilla, el río Guadalquivir se ha convertido también en escenario de estos refugios forzados. En el caño conocido como Brazo de la Torre, en el término municipal de Aznalcázar, se produjo a finales de enero un tiroteo cuando los tripulantes de una narcolancha abrieron fuego contra agentes de la Guardia Civil durante una intervención sobre varias semirrígidas que se protegían del temporal. Este mismo lunes se registró además una persecución en la zona.

Así, lo que antes se concentraba casi exclusivamente en el entorno del Estrecho o en algunas calas del Cabo de Gata se ha extendido ya por toda Andalucía. La sucesión de temporales, con Leonardo como último episodio, vuelve a evidenciar cómo las narcolanchas utilizan el litoral andaluz como refugio recurrente, desde Almería hasta Huelva, ante un fenómeno que deja de ser excepcional para convertirse en rutina.

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