«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
En los medios españoles no todas las opiniones gozan del mismo derecho a ser escuchadas

Del respeto a ‘Barbie Gaza’ mientras defendía a Hamás a los ataques a Ada Lluch por criticar la inmigración ilegal en Espejo Público

Ada Lluch y 'Barbie Gaza'. Redes sociales

Las televisiones generalistas siguen mostrando su doble vara de medir y censurando discursos patriotas, mientras dan altavoz sin censura a quienes justifican a organizaciones terroristas. En las últimas horas, dos episodios emitidos en directo han vuelto a poner en evidencia el sesgo ideológico que domina gran parte de los medios de comunicación en España.

En un plató se permitió a la activista apodada ‘Barbie Gaza’ negar públicamente que Hamás sea un grupo terrorista, relativizar sus ataques y acusar a Israel de ejercer «terrorismo de Estado». Durante varios minutos, la tertuliana desplegó un discurso abiertamente alineado con la propaganda islamista, sin apenas ser interrumpida y con la complacencia del resto de invitados, que evitaron confrontarla directamente.

Muy distinto fue el trato recibido por la influencer conservadora Ada Lluch en el programa Espejo Público, donde fue expulsada en directo tras mencionar estadísticas sobre la delincuencia vinculada a inmigración ilegal en Barcelona. Lluch, que trataba de respaldar sus argumentos con datos, fue cortada y ridiculizada por los tertulianos, que incluso recurrieron a insultos personales antes de que la presentadora decidiera poner fin a la entrevista.

La comparación entre ambos casos ha provocado indignación en redes sociales, donde numerosos usuarios denuncian el contraste: mientras se permite sin consecuencias un discurso que normaliza la violencia de Hamás, se silencia y descalifica a quien plantea preocupaciones sobre seguridad o inmigración.

Analistas y comentaristas apuntan que esta disparidad no es casual, sino el reflejo de una tendencia mediática cada vez más evidente: los platós se muestran tolerantes con las voces de la izquierda radical o del islamismo político, pero intransigentes con los mensajes conservadores o identitarios.

El resultado, según denuncian muchos espectadores, es un panorama informativo en el que se castiga la discrepancia y se protege el relato dominante. Mientras tanto, el público percibe con creciente claridad lo que antes se intuía: que en la televisión española actual no todas las opiniones gozan del mismo derecho a ser escuchadas.

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