«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El juzgado ha decretado la expulsión inmediata del acusado

Detenido un inmigrante ilegal colombiano por asesinar a la gata de su expareja a patadas y palazos en Alicante

El inmigrante pateando al animal. Redes sociales

La Policía Local de Torrevieja (Alicante) ha detenido a un inmigrante ilegal por su presunta implicación en la muerte violenta de la mascota de su expareja, un caso que ha terminado con una rápida resolución judicial y una fuerte reacción social en la localidad.

El juzgado ha decretado la expulsión inmediata del acusado, originario de Cali (Colombia), como alternativa a una posible pena de prisión. El individuo, que no tenía regularizada su situación en España, aceptó la medida, que le prohíbe regresar a territorio de la Unión Europea durante cinco años. Hasta su traslado, permanecerá en un centro de internamiento de extranjeros.

La decisión judicial ha sido recibida con satisfacción por colectivos animalistas, entre ellos la Asociación Leal, que ejercía la acusación popular y ha calificado el fallo como un precedente relevante en la lucha contra el maltrato animal. A las puertas de los juzgados, varios grupos celebraron la resolución tras una vista que se prolongó cerca de una hora.

Los hechos que originaron el caso se remontan a finales de abril, cuando varios vecinos alertaron de una agresión en plena calle, en el entorno del barrio de San Roque. Según los testimonios, el hombre habría arrojado al animal contra una superficie y posteriormente lo golpeó reiteradamente hasta causarle la muerte, utilizando tanto patadas como un objeto contundente. Las imágenes difundidas posteriormente en redes sociales intensificaron la indignación ciudadana.

La Guardia Civil asumió la investigación tras la detención, considerando los hechos como un posible delito de maltrato animal con agravantes, además de encuadrarlos en el ámbito de la violencia vicaria. Este tipo de violencia se caracteriza por causar daño a seres cercanos —incluidas mascotas— con el objetivo de provocar sufrimiento emocional a la pareja o expareja.

La dueña del animal, junto con diversas asociaciones de protección animal, formalizó denuncias que contribuyeron a impulsar el procedimiento judicial. El caso también motivó una respuesta institucional: el Ayuntamiento condenó lo ocurrido y reiteró su compromiso con la defensa del bienestar animal.

La repercusión social fue notable. Más de 400 personas se concentraron días después en una calle del municipio para exigir justicia por la muerte del animal, conocido como Nala, y reclamar sanciones más duras para este tipo de delitos. Además, entidades locales pidieron la colaboración ciudadana para aportar pruebas gráficas que ayudaran a esclarecer lo sucedido.

Este episodio ha reabierto el debate sobre la respuesta penal ante el maltrato animal y el uso de mascotas como instrumento de daño psicológico, en un contexto en el que la presión social parece haber influido de forma decisiva en la rapidez y contundencia de la resolución judicial.

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