Ceuta no solo fue asaltada desde fuera. Mientras la Policía Nacional identifica a los mandos marroquíes que dirigían el dispositivo en la valla, LA GACETA ha podido confirmar que en el interior del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de la ciudad convivieron durante más de un mes dos agentes del régimen de Marruecos. Uno era policía y el otro, militar. Entraron el mismo día, dos semanas antes del 30 de julio, y, según fuentes policiales, dedicaron ese tiempo a enviar información a su país.
Los expedientes de ambos, a los que ha tenido acceso LA GACETA, revelan todos los detalles sobre los citados infiltrados en territorio ceutí. W.C., de 31 años, y E.M.L., de 34, los dos de nacionalidad marroquí y solteros, figuran con fecha de entrada en el CETI de Ceuta el 16 de julio y con fecha de alta el 22 del mismo mes. Sus números de registro son casi correlativos. Llegaron juntos y fueron inscritos el mismo día. Ambos permanecieron en las instalaciones del centro durante más de cinco semanas, con la invasión del 30 de julio por medio.
W.C. es el policía. Según las fuentes consultadas, él mismo reveló su condición en el centro, donde se presentó como un desertor que huía de Marruecos. La historia no convenció a quienes lo vigilaban. Esas mismas fuentes describen a un hombre con ascendencia sobre buena parte de los internos marroquíes, capaz de dirigir sus voluntades, y que disfrutaba de un trato de favor por parte de la anterior dirección del CETI.
E.M.L. era su aliado dentro del centro. Las fuentes policiales le identifican como militar marroquí y aseguran que los dos iban siempre juntos. Los servicios de información tenían a ambos bajo seguimiento y dieron cuenta de ello a Madrid. Una segunda fuente policial, consultada de forma independiente, confirma que ambos «tienen interés policial a efectos de la unidad de información».
Ninguno de los dos tiene antecedentes, un detalle que lejos de pasar desapercibido, refuerza la tesis de las fuentes. No eran delincuentes comunes ni su misión consistía en provocar altercados, sino en observar. En concreto, valorar las vulnerabilidades del centro y de la ciudad y dejar constancia de ellas. Ambos solicitaron asilo, pero les fue denegado, el objetivo de dicha solicitud no era otra que la de ganar tiempo en España y, posiblemente, organizar la invasión.
Dos semanas antes del 30 de julio
Las fechas resultan incómodas para quienes defienden que la entrada masiva fue espontánea. Los dos agentes se instalaron en el CETI el 16 de julio, cuando la prensa del eje Tánger-Tetuán ya anticipaba lo que se preparaba. Permanecieron dentro durante el asalto y continuaron allí semanas después. Fuentes policiales no descartan que participaran en la preparación de la invasión y sostienen que informaron a Marruecos de cuanto ocurría en el principal dispositivo de acogida de la ciudad.
Esa pieza completa el cuadro que esta semana ha dibujado la Comisaría General de Información. En un informe de 21 páginas fechado el 28 de octubre y remitido a la juez María Tardón, de la Audiencia Nacional, la Policía identifica a Mohamed El Oualidi, jefe de Policía de la Prefectura de Tetuán, y a Abdel Fattah El Sayed El Radi, supervisor general de M’diq-Fnideq, dando indicaciones junto a la valla las noches del 30 y el 31 de julio. La operación tenía mandos fuera. Ahora se sabe que también tenía ojos dentro.
Expulsados tras un dispositivo específico
El final de ambos fue la expulsión. E.M.L. fue detenido por ir ebrio y resistirse a la Policía y poco después fue devuelto a Marruecos. W.C. salió del centro en una devolución colectiva junto a otros 21 internos marroquíes, después de que responsables llegados desde Madrid revisaran su situación. Según las fuentes, para entonces llevaban cerca de dos meses dentro.
El episodio dejó huella en el centro. La anterior dirección fue apartada semanas después y el CETI ha pasado más de un mes con una dirección interina que denota que algo que nunca había ocurrido. Migraciones e Interior no han dado todavía con un perfil de confianza para el puesto, y esa interinidad ha coincidido con fugas masivas. El 26 de octubre, un dispositivo para devolver a unos 200 marroquíes terminó con la mayoría escapando del centro y apenas cuatro o cinco devueltos.
Ceuta sigue hoy convertida en un gran campamento de inmigrantes ilegales, con los perfiles más peligrosos refugiados en El Príncipe, según la propia Policía Nacional. Que dos agentes de un Estado extranjero pudieran instalarse en el corazón del sistema de acogida, observar durante más de un mes y salir expulsados sin mayor consecuencia deja una conclusión difícil de rebatir. Un sistema que permite estos vectores de infiltración es un sistema fallido.