«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La víctima no formalizó una denuncia

Dos menas marroquíes intentan agredir sexualmente a una joven en el asentamiento del Tarajal (Ceuta) y quedan en libertad

Grabación de LA GACETA. LGI

Los hechos se produjeron durante la madrugada del pasado lunes en las inmediaciones del asentamiento de invasores que se concentra en los alrededores del polígono del Tarajal de Ceuta.

El equipo de LA GACETA, que se encontraba en la zona realizando un reportaje, oyó gritos y notificó de inmediato a la Policía Nacional. En las proximidades operaba un dispositivo que acudió de inmediato. Tras una primera intervención ciudadana, llegaron dos patrullas que interrumpieron lo que, según testigos y las propias grabaciones aportadas a los agentes, era un intento de agresión sexual.

Los implicados eran dos menores extranjeros no acompañados (menas) de origen marroquí. La víctima, también marroquí, y una amiga relatarían después a su entorno que ella había mantenido una relación con el agresor días previos y que, tras rechazarlo, el joven la acosaba en plena calle con gritos e insultos. En un momento dado la agarró, forcejeó con ella y llegó a tocamientos. Parte del equipo de este medio filmó la escena y entregó a la Policía tanto el testimonio como las imágenes.

Ya una vez controlado lo sucedido y al tomar declaración, la joven reconoció que el día anterior había mantenido relaciones con él y que ya no quería continuar. El principal implicado, con la complicidad de un amigo, quiso obligarla a mantener relaciones sexuales. Fue entonces cuando ella gritó con fuerza. Ese grito es lo que activó la intervención del equipo de LA GACETA y el aviso a los agentes.

Ambos menores fueron detenidos. La víctima y su amiga, sin embargo, declinaron formalizar denuncia. Sin esa denuncia, el agresor y su cómplice quedaron en libertad.

El episodio no ocurre en un vacío. El Tarajal concentra uno de los asentamientos que han crecido al calor de la invasión y de un CETI desbordado. En ese perímetro conviven menas, adultos y una población que, de noche, queda fuera de un control efectivo. Que dos menas intenten forzar a una joven en la calle y que el caso se evapore porque nadie denuncia deja el mismo recado que otros incidentes de estas semanas. La saturación no solo se mide en tiendas de campaña, se mide también en lo que ocurre entre estos asentamientos masivos y en lo poco que queda después en el atestado.

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