Indignación entre los bomberos españoles por las «dietas» recibidas para hacer frente a los incendios que han asolado España en los últimos meses. Tal y como han compartido en sus redes sociales, el menú ofrecido por las comunidades autónomas se ha reducido a un bocadillo (en ocasiones de una loncha de queso o tres rodajas de salchichón), una botella de agua pequeña y una Coca-Cola.
El malestar se hizo viral a raíz de la publicación de Chema, miembro de la Brigada Helitransportada de Vilamaior, que subió una foto de su ración diaria con un mensaje irónico: «Somos conscientes de la dificultad del momento, pero… ¿qué opináis del refrigerio de ayer?». Sus palabras desataron un aluvión de comentarios. Algunos usuarios respaldaron la denuncia, mientras que otros los acusaron de exagerar. Chema respondió: «Nos desplazamos en helicóptero, nos dejan en medio del monte y llevamos nuestro propio avituallamiento, pero limitado. No pedimos un menú de estrella Michelin, sólo lo necesario para seguir trabajando».
El debate no es nuevo. Otros compañeros recordaron que ya entre 2015 y 2019 recibían alimentos de escasa calidad en plena campaña de incendios. A pesar de que varios vecinos relatan que suelen llevar agua fresca, bocadillos o incluso café a los equipos que combaten el fuego, lo cierto es que la mayor parte del tiempo los profesionales permanecen en lugares de difícil acceso donde esa ayuda nunca llega.
La precariedad del avituallamiento contrasta con la dureza de las condiciones. En los incendios del verano de 2025, considerados los peores del siglo XXI, las brigadas se enfrentaron a llamas que arrasaron miles de hectáreas en Zamora, León y Ourense. Las olas de calor, que superaron los 45 grados en algunas zonas y se prolongaron más de dos semanas, multiplicaron la exigencia física de unas jornadas que a menudo se extendían más allá de lo previsto. «Los tres litros de agua que llevo me duran apenas cuatro horas», admitió Chema en otro de sus mensajes.
El esfuerzo no ha pasado inadvertido para la ciudadanía. Vecinos como @Garm0g narraron cómo cada verano intentan aliviar a los equipos que defienden sus hogares: «Les damos agua casi helada, bocadillos de lomo o pollo con patatas, y les dejamos usar el baño de casa». Aun así, los bomberos insisten en que esta solidaridad vecinal no debería suplir lo que corresponde a las administraciones. «El aprovisionamiento tiene que estar gestionado por el distrito, no puede depender de la buena voluntad de la gente», subrayó el brigadista gallego.
La situación se agrava al compararse con otras partidas públicas. El propio Ministerio de Juventud e Infancia ha hecho público que el coste de mantener a un menor extranjero no acompañado en España asciende a 145 euros diarios por plaza —unos 4.350 al mes—, una cifra que, contrastada con el bocadillo y la botella de agua entregados a quienes arriesgan la vida contra el fuego, alimenta aún más la sensación de agravio entre los profesionales del operativo.