«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
la renta familiar disponible en España está actualmente en el 88% de la media europea

El bipartidismo hunde a España: los españoles son más pobres que a principios de siglo y ven cómo en Irlanda cobran un 60% más cuando los sueldos eran similares hace 30 años

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Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo. Europa Press

El relato de la convergencia europea se ha roto. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez presume de un «cohete económico» en plena campaña propagandística, los datos publicados por The Objective y El Economista revelan una verdad dolorosa: los españoles son, en términos reales, más pobres que en 2002, y el país ha perdido toda capacidad de acercarse al corazón de Europa.

Según cifras oficiales, la renta familiar disponible en España está actualmente en el 88% de la media europea, por debajo del nivel que tenía cuando se adoptó el euro hace más de dos décadas. No sólo no se ha avanzado: hemos retrocedido. La presión fiscal ha devorado cualquier mejora salarial y las transferencias estatales —subvenciones, ayudas y subsidios— han sustituido al salario como motor de consumo. El resultado: una sociedad dependiente del Estado, sin ahorro ni capacidad de inversión.

Y mientras tanto, Irlanda vuela. En 1994, los sueldos eran similares: 32.000 euros en España y 34.000 en Irlanda. Treinta años después, el salario medio irlandés asciende a 55.000 euros, mientras el español apenas roza los 33.000. La diferencia no es sólo salarial, es estructural, ideológica y moral: mientras España se hundía en un modelo de bajos salarios, fiscalidad confiscatoria y dependencia burocrática, Irlanda apostó por el valor añadido, la atracción de multinacionales y un marco competitivo.

La brecha de más del 60% en sueldos refleja el coste real del consenso económico entre PSOE y PP, que durante tres décadas han compartido una misma política: altos impuestos, precariedad laboral, desprecio al emprendimiento, gasto improductivo y captura del Estado por élites político-financieras.

No estamos ante una simple diferencia de modelos, sino ante la bancarrota de todo un régimen económico nacido de la Transición. Un régimen que, protegido por Bruselas, aplaudido por los medios y apuntalado por tecnócratas sin patria, ha condenado a una generación de jóvenes españoles a vivir peor que sus padres, pagar más impuestos que nunca y tener menos acceso que nunca a vivienda, ahorro o familia.

Y el relato aún persiste. Mientras se impulsa el aumento del gasto público, la contratación masiva de burócratas y el reparto ideológico de subvenciones, las cifras de productividad, inversión privada, renta y salarios reales confirman que el modelo económico español está quebrado.

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